29.12.13

Sesudo resumen Mustanguero del año que se va

No quería ser menos que el resto del mundo que se dedica estos días a hacer listas, rankings y resúmenes de lo que les ha deparado el año que se acaba pasado mañana, pero tampoco quiero aburriros, así que ahí van tres (sólo tres, pero qué tres) de los Mustangmomentos que más huella han dejado en mi espíritu sensible a lo largo de estos 12 meses. Lo sé, lo sé, soy una cultureta que no piensa más que en poesía y cine de autor, pero ¡qué se le va a hacer!
Que los disfruten, queridas, Hasta el año que viene!

22.12.13

La nueva



Ya estamos en navidades, y este que acaba ha sido uno de los años más extraños de mi vida profesional. Me ha pasado de todo, y lo único bueno, hace un par de semanas. Es muy raro las vueltas que da la
vida, y si me hubieran dicho en enero donde estaría en diciembre, habría apostado lo poco que tengo a que se equivocaban. Y si me hubieran dicho en noviembre lo bien que me iba a sentar, habría hecho otro tanto.
He estado durante 14 años trabajando en la misma empresa. He crecido personal y profesionalmente en ella, enamorada de mi trabajo hasta las trancas. He visto pasar a cientos de personas por sus instalaciones, he visto mundo gracias a ella e incluso he visto más de lo que me gustaría o debería haber visto, a veces. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhaüser, je,je,je (lo siento, no puedo estar seria mucho rato) La puta crisis empezó a afectarnos a finales de 2007, cuando aún ni se la nombraba y poco a poco fui perdiendo proyectos, compañeros muy queridos (otros no tanto) cajas de navidad, cenas de empresa, pagas extra, y al final nóminas.
Aún así, los pocos que íbamos quedando, seguíamos creyendo ciegamente en que saldríamos adelante, en que juntos, aguantando hombro con hombro con el cinturón tan apretado que sólo podías comprar marcas blancas, remontaríamos el barco. Convencidos de que como en las películas viejas, los buenos acaban ganando. Hasta que en Mayo, el barco se hundió. Empresas han cerrado cientos durante estos años, pero como la mía, ninguna. Yo estuve allí hasta el último día, la última de mi departamento. El que había sido mi superior y amigo durante todo este tiempo y yo, abrazados diciéndonos: ha sido un placer y un privilegio crecer a tu lado. Y cada uno a su casa.
Me quedé tan tocada que decidí cambiar de sector. Empezar de cero. Darle un giro a mi vida. Y me puse en marcha.
Y no me han dejado. A los 2 meses de estar en paro me llamaron de otra empresa de mi sector para trabajar a distancia, en plan “cuando tenga curro te lo paso y cuando tenga dinero te lo pago” Indecente propuesta, pero mientras encuentro algo mejor, a ello vamos. Y mientras sigo en marcha encaminando mis pasos hacia otro sector.
Y no me han dejado. A primeros de este mes recibí una llamada de la empresa a la que siempre habíamos considerado nuestra más fiera competencia ofreciéndome directamente un puesto. Jornada completa, buen sueldo, contrato indefinido, en una empresa estable y con mucho trabajo. Te necesitamos a ti, llevamos meses intentando localizarte para ficharte, queremos que te vengas como creativo (no diré más) con nosotros mañana ya si puedes. Son más grandes de lo que nosotros fuimos nunca y hay gente de primer nivel trabajando en sus filas.
 Así que después de llevar 4 meses empleando más horas en conseguir que me pagaran que en trabajar, tras 5 años de incertidumbre y cuesta abajo laboral, vuelvo a ser la nueva del departamento, en una empresa en la que jamás creí que trabajaría.
Resulta que mi sector es muy pequeño y específico, y al parecer soy muy buena en mi trabajo, y mi nombre sale en reuniones y al enterarse de que estaba libre había habido revuelo. Resulta que estoy en una edad estupenda, soy lo suficientemente mayor como para saber lo que me hago y puedo empezar a producir desde el primer día, pero lo suficientemente joven como para que no me de miedo aprender y evolucionar. ¡¡Resulta que los cambios no siempre son malos!!, y tras 5 años de inacabable lucha y tristeza profesional ahora vuelvo a tener un montón de trabajo encima de mi mesa, una caja de navidad en la despensa, una paga extra en el banco y un futuro por delante. ¡Y yo creyendo que se acababa el mundo en mayo! ¡Queriendo renunciar a lo que sé hacer cojonudamente bien porque ya no podría hacerlo allí! ¡Y resulta que mi nombre salía en reuniones! ¡Si lo llego a saber pido más pasta! Ja,ja,ja.
Ahora soy la nueva en la oficina, y me gusta. Tengo el contador a cero, nadie me conoce, ni yo sé nada de nadie, pero me miran y me tratan como si les hubieran hablado bien de mi trabajo, y eso mola. Sigo echando mucho de menos mi antigua oficina y a algunos de los compañeros que tuve, pero estoy emocionada al intuir la cantidad de cosas que puedo aprender y enseñar aquí. ¿Bien está lo que bien acaba?

Menudo año más extraño…Resulta que estoy cotizada, tú, y yo sin saberlo…

8.12.13

Qué suerte hemos tenido



Nosotras, las mujeres, en concreto. De nacer en el S.XX, a finales y en Europa.

No sabes la que te espera, Tess. Por guapa.
Me gusta mucho la literatura inglesa desde mediado el S.XVIII hasta la primera guerra mundial. Desde Jane Austen hasta Oscar Wilde, pasando por las hermanas Brönte o Thomas Hardy. Ya he hablado alguna vez de la fascinación que me provoca, quizás por su marcada diferencia con el modo actual de relacionarse socialmente a la hora del asunto sexual, la época victoriana. En estos tiempos del “hola, ¿follamos?” mi lado sensible disfruta como un gorrino en una charca con esos despliegues de gestos y miradas, de frases con doble sentido y veladas insinuaciones, total para conseguir lo mismo….pero sin arruinar tu reputación.
Ahí es donde voy, antes de que los escasos maromos que merodean por estas líneas huyan despavoridos ante tanto corsé y fruncido. Leí hace poco una novela de Hardy, “Tess de los Urberville. Una mujer pura fielmente presentada” Toma ya con el título, y flipé.

Hago un pequeño resumen aunque tenga spoilers, espero que no os importe.
Tess es una jovencita de pueblo, hija de un borracho con pretensiones. Su única baza para conseguir un buen marido es su belleza e inocencia, y con ello, sus padres aspiran a casarla con un caballero. Descubren un parentesco lejano con una familia noble, y allí que envían a Tess a ver si saca algo, con su belleza y su total desinformación sobre la vida y los hombres. Y sí saca. El señorito de la casa se obsesiona con ella y la viola. Por supuesto la deja embarazada, aunque pierde al bebé a los pocos meses de nacer. Ella queda estigmatizada de por vida, porque ha perdido su honra, y la sociedad concluye que su belleza es fruto del diablo, porque ha hecho que le pase lo que le ha pasado.
Años después conoce a un buen tipo, que también se enamora de ella y se quiere casar. Ella insiste en contarle su pasado, pero él está seguro de su amor y no quiere saber nada. De modo que se casan y en la confianza de la noche de bodas, ella, que no quiere tener secretos para su marido, se sincera…Y el “enamoradísimo” la repudia inmediatamente porque no ha sido el primero en tocarla.
De ahí al final de libro todo es un dramón. Baste decir que ella mata a su violador y entonces la ahorcan por matar a un probo ciudadano. Al menos su marido se arrepiente de haberla tratado así, aunque ya sea demasiado tarde.

Hardy se define entre otras cosas por el realismo de sus novelas, y por entrar de una manera muy fiel dentro del alma femenina de la época. Tiene otra novela que también me gustó mucho, Lejos del mundanal ruido, en la que la protagonista también en una chica valiente luchando contra los elementos, aunque esta acaba bien. ¡Vaya época! ¿Os imagináis haber nacido entonces? ¡¡No éramos nada!! Absolutamente nada. Y hasta lo que aún hoy es considerado una ventaja para nosotras, que es una carcasa agradable y apetitosa, se podía volver en tu contra si se fijaba en ti el hijoputa equivocado.

Imagina que lo único que tienes para hacerte valer en la vida es tu virginidad y tu cara bonita. Con eso tienes que conseguir un futuro para ti y para tus hijos, porque esa es otra, has de tenerlos, como no puedas (lo de que no quieras es inconcebible) estás acabada. Si eres fea, has de decirle que sí al primero que te lo pida, quien sabe si habrá otro. Si eres bonita igual puedes pescar a un marido más rico, aunque sea más viejo o más mala persona, o las dos cosas juntas. Y sin rechistar hasta que te mueras. El puede hacer su vida, pero como tú pongas tus lindos ojos en otros bigotes menos amarillentos, estás desahuciada. Tú y tus hijas. Tus hijos varones aún podrán hacer carrera en el ejército y congraciarse de nuevo con la familia paterna, pero olvídate de casar bien a tus hijas, que la sociedad no olvida que una noche un apuesto oficial rebuscó bajo tus prohibidas enaguas en un baile de máscaras.

Qué suerte hemos tenido, ya que íbamos a nacer mujeres, de hacerlo a finales del S.XX, en Europa en concreto (porque si llegamos a nacer en Oriente Medio o Africa, qué más nos da el siglo) Qué suerte la nuestra de poder contar además de con nuestra cara bonita, con nuestro cerebro, con nuestros brazos y con nuestro libre albedrío a la hora de abrirnos de piernas.

Aún así, cuando yo era adolescente, en mi pueblo, de mi edad, éramos dos pandillas de chicas. Los chicos con los que íbamos normalmente nos habían puesto un apodo a cada grupo. Las Putas y Las Monjas. Las primeras eran las que se enrollaban con ellos, y las segundas, es decir, mis amigas y yo, las que éramos vírgenes, castas y puras y no se nos conocía novio ni rollete. Ellos decían que salían con las Putas pero que se casarían con Las Monjas. Y Las Monjas callábamos, sonreíamos mientras nos sonrojábamos discretamente en el salón parroquial y los fines de semana escapábamos a la ciudad a hacer con nuestros cuerpos lo que nos diera la gana. Los pobres muchachos de nuestro pueblo no sólo se equivocaban en eso, tampoco acertaron con lo de cazarnos para ser las madres de sus hijos cuando se cansaran de picar y volar. Acabamos todas con hombres seguros de sí mismos a los que nuestro pasado y reputación les importaba verdaderamente un pito. Tanto como a nosotras la suya.

2.12.13

Crespón negro por Paul Walker, señoras.

Vaya putada. No es que mereciera menos lo que le ha pasado que cualquier otro tío del mundo, pero cuando encima era una visión, aún jode más la cosa. Para lo chungo que está el panorama, al menos los hombres como él nos hacían sonreir y fantasear como bobas cada vez que aparecía ante nuestras retinas.
Ayer murió Paul Walker. Guapo entre los guapos, mirada acero azul, sonrisa angelical y abdominales que pedían a gritos sirope de chocolate. Qué putada. 40 años. Accidente de coche. Eso en la saga Fast & Furious no le había pasado nunca...Mis sueños más salvajes lo van a echar de menos. Espero que le de recuerdos de mi parte en el Olimpo al que van los Apolos como él a Andy Whitfield.




Nenas, crespón negro porque se nos ha ido uno de los más poderosos.


18.11.13

Milagros de la tecnología



El post de hoy es directamente una batallita de Abuelo Cebolleta. Luego os diré a qué viene.

Lo que voy a contar ocurrió hace entre 8 y 10 años, en la oficina donde trabajaba. Implicados:
-         María, la Víctima.
-         Jorge, el Seductor.
-         Pablo, el Amigo enrollado.
-         Lorena, la Confidente.
-         Una servidora, la que pagó el pato.

Todos trabajábamos juntos, en diferentes departamentos de la misma empresa. María, Lorena y yo éramos bastante amigas. Lo suficiente como para contarnos nuestras vidas y vernos fuera del trabajo. Las tres solteras y sin niños. Jorge y Pablo también eran amigos entre ellos. Los dos casados y con niños. En una cena de empresa de esas de “Lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas”, tras meses de tonteo salvaje, María y Jorge se enrollaron. Fue bastante descarado, aunque no a la vista de todos. El asunto se repitió a lo largo de meses en varias cenitas festivaleras que por aquella época, dado que todos cobrábamos nóminas regularmente y la mayoría no teníamos ni hipoteca ni niños que nos las vampirizaran, hacíamos casi cada mes.

María me lo contó todo, hasta su preocupación por si se colgaba de Jorge, que estaba casado y del que ella se temía no ser más que un divertimento. Yo no dije nada ni a Lorena.

María y Jorge siguieron durante meses con sus aquí te pillo aquí te mato en medio de un subidón hormonal inmenso por parte de ella y un morbo creciente por parte de él. Yo fui mientras tanto, la escuchatriz de ella.

Un día que aún recuerdo perfectamente, iba de vuelta a casa tras un viaje de negocios con Pablo, el amigo enrollado, superabierto y majete de Jorge. En avión, cruzando el Atlántico para más señas, mira si me acuerdo. Sentaditos uno al lado del otro. La nena en ventanilla. Y el enrollado de Pablo me sacó el tema del affaire entre risitas y confidencias al más puro estilo Sálvame de Luxe. Yo empecé a alucinar (y a mosquearme, dicho sea de paso), porque estaba claro que para ellos era un juego morboso sin compromiso en el que no se daban cuenta de lo mucho que tenían que perder si el tema trascendía ni de cómo estaba quedando la mujer de Jorge mientras tanto. No solté prenda sobre cómo se sentía María al respecto, pero quedó tan claro que yo estaba al corriente como que Pablo también lo estaba por boca de Jorge.

Semanas después de esa conversación, María dejó de hablarme. Así, sin más. Sin una sola explicación. No trabajábamos juntas, pero hablábamos a diario y en cuestión de horas, se cerró en banda como una ostra. Yo lo achaqué primero a que era una tía un poco rara y necesitaba su espacio, después, a que dio la casualidad de que iban a despedirla y ella lo sabía, y pensé que estaba preparándose para dejarnos o algo así. Y luego me cansé de esperar y me fui a hablar con ella, porque tenía otro viaje y cuando volviera ella ya no estaría en la oficina. Se negó ni a mirarme a la cara, me despidió de su despacho con un “tú sabrás lo que me has hecho” y ya no la volví a ver.

Cuando volví del viaje, Lorena, que siempre ha tenido buen ojo para las relaciones y reacciones humanas, tenía preparada una sorpresa para mí. Al ver cómo me había tratado María, aprovechó la intimidad que les brindaba mi ausencia para averiguar sus motivos, y lo que me contó fue lo siguiente:

Resulta que el Gran Pablo, el amigo enrollado y complaciente, de pronto empezó a hacerle a María bromitas de dudoso gusto y doble sentido sobre su relación con Jorge. María, que bastante tenía con sentirse “la otra”, montó en cólera y exigió saber de dónde había sacado tan delicada información, y el Gran Pablo dijo que YO se lo había contado en aquel viaje de avión, no su amigo del alma. Para contrastar los hechos, María preguntó a Jorge si se había ido de la lengua y Jorge juró y perjuró por su honradez y la salud de sus hijos que no se lo había dicho a nadie. Con lo cual, María obtuvo la certeza de que había sido yo la que iba por ahí contando cómo y con quien se metía en la cama en sus ratos libres. Y automáticamente me tachó de su lista de seres vivos.

Lo curioso es que una chica tan investigadora como ella podría haber hecho lo mismo conmigo, encarárseme y pedir explicaciones. Entonces yo habría cogido de la orejita a todos los implicados, los habría metido en un despacho y les habría obligado a decir la verdad o a mentir como bellacos pero mirándome a la cara. Pero cuando me enteré de la movida, María ya no estaba en la empresa, y creí estéril meterme en fregados con el par de Listos de bragueta floja, entre otras cosas porque ambos tenían más cargo que yo y con estos sí tenía relación directa de trabajo.

Lo que ocurrió fue que perdí el respeto y la confianza profesional y sobre todo personal que les tenía a ambos. Seguí trabajando con ellos durante años, pero ya no volvimos a compartir cervezas. El tiempo y la crisis acabó por separarnos a todos y perdí definitivamente el contacto. Hacía mucho que no pensaba en ellos.

¿Y a qué viene esto? Pues a que hace un par de semanas me abrí una cuenta en Linkedin por temas de trabajo (más bien por la falta de él) y en un par de días, por obra y gracia de la red, ahí los tenía A TODOS otra vez, con sus mejores galas profesionales a la vista, sugiriendo ser conectados. ME CAGO EN LA MADRE QUE PARIÓ A INTERNET.

P.D. Por supuesto, los nombres son inventados, sólo faltaría eso, con lo jodía que es la Red para rastrear…

1.11.13

Esa niña me da pena



Hay personas que viven su vida sin tener hijos. Existen seres humanos que voluntaria o involuntariamente llegan al final de su existencia sin haber tenido descendencia…Y NO PASA NADA. No pasa nada por NO tener hijos, por preferir estar solo, dedicarse en cuerpo y alma a uno mismo y NO querer descendencia que perpetúe nuestra estirpe, apellido y genética allende los siglos.

¿Por qué entonces el señor y la señora X, conocidos míos con los que comparto de vez en cuando mesa y mantel en quedadas con amigos comunes, han tenido dos? Una niña de 6 años morena y vivaracha y un bebé de casi un año feo y llorón, el pobre. Y me dan pena los dos, los niños, no los padres, porque a los padres se les nota mucho que sus hijos les estorban. La niña es un demonio en potencia, pero me cae bien, todavía se podría salvar, sigue acercándose a su madre en busca de aprobación, de besos, de confidencias, y siempre es rechazada con un ¡tira de aquí! o ¿Y ahora qué coño quieres? Porque su madre está muy ocupada con el cubata en una mano y el móvil en la otra poniendo verde a alguna vecina. Ni una sola vez la he visto besarla, hacerle cosquillas, decirle lo lista o lo bonita que es, lo mucho que la quiere. Supongo que en casa se lo dirá, que tendrán sus momentos, pero al final, reflejamos en público de un modo u otro lo que somos en privado, y en público no hace más que quejarse de ella, y lo que es peor, lo hace delante de ella. A mi me da pena la niña, pero la madre no. Es imbécil, no sabe lo que se está perdiendo, no sabe que LA está perdiendo. A los 14 años todos odiamos a nuestros padres, pero aquello que hicieron con nosotros cuando fuimos niños es lo que hace que pasada la edad del pavo volvamos a ellos o los abandonemos para siempre. Y esta tía se está ganando a pulso que su morenita vivaracha deje pronto de buscarla para contarle la piedra tan bonita que ha encontrado y se lo cuente a cualquier otro que se cruce en su camino, y luego la imbécil se quejará de las malas compañías que frecuenta su hija y de que no le cuenta nada.

Yo no pensé nunca en tener hijos. No hasta que conocí a un tipo que valía tanto la pena como para hacerme pasar por el coñazo del embarazo, la tortura del parto y la esquizofrenia del postparto…2 veces. Si no hubiera aparecido, creo que me habría centrado en mi carrera profesional, habría viajado más y no habría cambiado un pañal jamás. Y ahora resulta que estoy más enamorada de lo que he estado en mi vida, de un chaval de 6 años tan listo como sensible que huele a magia y a vainilla. Me vuelve loca. No puedo estar sin él, me provoca una ternura increible escucharle, ver como se mueve, saber las cosas que le gustan, las que odia a muerte (las chicas y todo lo que tenga que ver con ellas, ya se lo recordaré a los 14, je,je) cocinarle su plato favorito que nadie hace más bueno que yo en el mundo, ¡yo que soy una cocinera lamentable! Ayudarle a pintar ese Pokemon que está intentando dibujar y no le sale, cepillarnos los dientes a la vez escupiendo al unísono, jugar a cualquier cosa y dejarme ganar sólo por ver su cara de felicidad, y guardar como un tesoro todas las cartas que ha escrito a los Reyes Magos desde que aprendió a escribir a los 3 años. El tiempo vuela, y pronto ya no vendrá a mi cama cuando tenga miedo por las noches, pero a ambos nos quedarán los recuerdos para toda la vida de la cantidad inmensa de horas que hemos pasado juntos pintando, jugando, haciéndonos confidencias y cosquillas, dándonos besos. Y sé que volverá a mi cuando se le pase la tontería. Estoy segura. Me lo estoy currando a tope para no perderlo nunca. Eso no quita que a veces necesite estar sola, que a veces me ponga de los nervios, que estoy agotada todo el tiempo, pero no me estorba su existencia NUNCA.

Por eso me da pena esa niña morena que mira descolocada a la imbécil de su madre y se va con su bonita piedra a otra parte sin un beso ni un ¡vaya, sí que es bonita, y tú muy lista por encontrarla! A veces se lo he dicho yo, pero debería ser su madre la que se lo dijera, porque a ella es a la que quiere más que a nada en el mundo, no sé por cuanto tiempo más.

11.10.13

Por qué lo llaman hipster cuando quieren decir feo


Paso de afeitarme...y de follar.

Mirad atentamente al chico de la foto, please. Es un tío guapo. Ojazos a pesar de todo lo que los rodea. Yo lo miraría si me lo cruzara por la calle...Afeitado o con barba de tres días. Si me lo cruzara así, igual le daba un euro y le indicaba por donde queda el centro de médicos del mundo más cercano, pero desde luego no se me iba a escapar un requiebro lujurioso.

Quedada de chicas, bueno, vale, de mujeres, para qué nos vamos a engañar. Ibamos 11 y después de que nos echaran de la tapería donde cenamos, buscamos un local de copas que tuviera la suficiente luz y el volumen justo de la música como para poder continuar hablando entre gritos y carcajadas de nuestra relación de amor-odio con el sexo masculino.
Fachada moderna, limpia y blanca, una exposición de ilustraciones no demasiado mala en las paredes, la carta escrita con tiza por las paredes y música de la que NO suena en los 40 principales por los altavoces. Aquí nos quedamos. Entramos ensimismadas y nos acercamos en plan enjambre a la barra, y desde el otro lado del tirador de cerveza, un par de sujetos, bueno, un sujeto y una sujeta, nos dicen qué queremos. ¡Que te peines, niña, eso para empezar!
El tío era un tirillas, yo tengo más espalda que ese alfeñique de pelo grasiento y sombrerito más pequeño aún que sus inexistentes bíceps. Gafas de pasta, de esas que llevaba el empollón de mi instituto, al que corrían a collejas tanto los rockers como los heavys, y una barba que habría hecho las delicias de los que cantaban “España camisa blanca de mi esperanza”. Fular y camiseta nosecomo porque ya no pude seguir mirando, se me taponaron las córneas.

La tía con una melenita naranja justo por debajo de la oreja, pálida como un muerto, labios rojos y gafas de pasta rojas, color que como todo el mundo sabe combina de puta madre con un pelo naranja. Vestidito de flores sin mangas robado del armario de Lena Durham y collarcitos varios.
Yo me encontraba en ese momento en plena conversación sobre las ventajas de tirarte a un director de cine si eres una mala aspirante a actriz, con una arquitecta y una directora de documentales. (Lo digo para que no quede como que éramos tres catetas que no han salido de su pueblo ni para ir a la romería del de al lado). Pues eso, que a pesar de haber visto cosas que vosotros no creeríais, nos quedamos las tres de pasta de boniato. 

Son Hipsters, díjome una cuando el colega apartó su barba de mi cerveza. Son Modernos, dijo la otra condescendiente. Lo que son es feos de cojones, los dos, por eso necesitan ponerse de todo por encima para conseguir que los miren. En fin, me estaré haciendo vieja, pero eso de la Modernor no me va en absoluto. 

Entonces eché un vistazo en derredor y me di cuenta de que lo de los barbudos y las modernas era epidemia. Habíamos recalado en un garito Hipster. Todos los tíos sin chicha ni limoná y alérgicos al peluquero. Todos miopes, (bueno, eso supongo, por la abundancia de gafas coloridas) con ropa de los 70 y actitud de intelectual de la transición. Y las barbas…¿Porqué?? ¿Qué necesidad hay? Y mira que a mi me encanta una barba de tres días recreándose en la mandíbula cuadrada de un tío de mirada patibularia, pero eso no eran barbas, ¡era dejadez pilosa!, y por ahí si que no paso. El único náufrago que me gusta es Robinson Crusoe.

Cuando por fin parece que la moda de llevar los calzoncillos por fuera de los vaqueros está pasada, ahora les da a los tíos por dejar de afeitarse en masa. Yo no podía dejar de mirar al tirillas poniendo cañas y tapas, rascándose la barbilla y volviendo a la tarea. Cuando la moda de llevar el tanga fosforito a la vista ya parecía superada, va y les da a todas por ponerse feas. No sé decirlo de otra manera. Van vestidas como de abuela putilla. No lo entiendo. Las zapatillitas planas de cordones, los vestiditos de estampados imposibles, los bolsos de plasticazo y todos los cacharritos que te puedas colgar encima.

No es que sea una experta, pero sí se qué prendas favorecen a prácticamente cualquier clase de constitución física, pero sobre todo, sé que prendas me favorecen a mi. ¿No se dan cuenta cuando se miran al espejo antes de salir de que van hechos unos espantajos? Me choca mucho ese afán por afearse que al parecer está de moda. 

Definitivamente, yo no soy Moderna.

22.9.13

No es obligatorio, señoras.



Señora anteriormente conocida como Elsa Pataky

Tengo una conocida que es pianista profesional. Catedrática, miembro de orquesta de cámara y toda la pesca. Una tía un par de años mayor que yo, 1’65, delgada, rubia con el pelo rizado, ojos verdes y sonrisa simpática. Muy culta y estilosa. No es una jaca despampanante, es mucho mejor, una mujer muy guapa y una artista.
Recuerdo una vez que me la crucé por la calle y llevaba una boina de lana ladeada con los rizos rubios flotando alrededor de su cara hasta la altura del pecho, unas gafas Ray-Ban de aviador, chaleco largo de pelo sobre una camisa, vaqueros pitillo y botas altas por fuera del pantalón. Tenía un look de artista bohemia con un punto sexy que me encantó. Estaba muy guapa. Sin apenas maquillar y sin joyas, sólo con su encanto personal y esa preciosa melena moviéndose a su alrededor.
Llevaba unos meses sin verla y hace unos días volvimos a coincidir y casi me da un pasmo. ¿Qué le ha pasado a tu peloooo!!!??? Lo llevaba más corto que su marido. Los rizos se le arremolinaban alrededor del cráneo como si fuera un caniche, o lo que es peor, como si fuera una señora de 60 años, de pueblo.
Ay, chica, me decía ella, estaba harta de cuidármelo, así es mucho más cómodo…Y yo intentando vocalizar para decirle algo…¿Qué-qué tal el verano? Conseguí mascullar. Lo siento, no puedo decir que algo me gusta cuando estoy horrorizada, aunque tampoco soy de las que dicen las verdades a la cara en plan: Tía, te acabas de echar 15 años encima y has perdido de golpe todo el aura de glamour y bohemia que tenías. Antes eras pianista, ahora eres una señora como todas las demás. Ahora mismo mando a mis padrinos a tu peluquera porque esto no puede quedar así.

Supongo que su encanto personal seguirá intacto, que seguirá siendo igual de profesional que antes, que su cerebro no habrá perdido ni un ápice de capacidad tras la ejecución sumaria de sus bucles dorados, pero a mi se me cayó un mito. Otra tía que después de tener dos hijos y rondar la temida cuarentena se corta el pelo a lo chico porque es más cómodo y se la repanpimfla a estas alturas estar guapa. ¿Porqué el 80% de las madres de la clase de mi hijo llevan el pelo que no les llega a los hombros? ¿Porqué casi ninguna se maquilla, ni se pone tacones ni hace deporte? ¿Es obligatorio convertirte en una “señora de mediana edad” a partir de los 35? Miedito me da cada vez que me encuentro a una ex compañera de instituto, diría que parecen mi madre, pero mi madre es más elegante y moderna.

El viernes quedé para almorzar con una buena amiga también de mi edad que es diseñadora. Una de esas quedadas refrescantes y deliciosas que le hacen el mismo bien a tu alma que un mes de gimnasio a tu cuerpo. Aparecimos las dos en esa soleada mañana con shorts vaqueros. Ella los acompañaba con una camisa a cuadros de Mango que le quedaba de coña y yo con un jersey amplio y ligero con una calavera (fina y elegante, en mi línea) Ella con sandalias de cuña y yo con botines biker con hebillas. Ambas con melena al viento y gafas de sol. No es porque no tenga abuela, pero si hubiéramos pasado por delante de un cuartel de bomberos habría sonado la sirena. Pues por casualidad en la misma cafetería en que recalamos, estaba una ex compañera mía de trabajo con una amiga inmersas en los mismos menesteres en los que íbamos a enfrascarnos nosotras. Lo mismo: las dos de nuestra quinta, las dos con estilos parecidos (Dios los cría y ellos se juntan) y las dos con unas pintas de maruja rancia que tiraban de espaldas. Pelo corto, cara lavada, lunares grandes, lazos, prendas de la sección de señora del C&A, un par de cromos. Yo recordaba a esta chica de la oficina, con sus vestidos entallados, sus tacones y su melena rubia recogida en un moño, muy ejecutiva profesional…¿Pero qué le ha pasado???!! Ah, sí, que va a cumplir 40 y tiene 2 niños. Ala, a tomar pol culo la autoestima y el me gusta lo que veo en el espejo. Engordemos sin control, cortémonos el pelo, tiremos a la basura tacones y rimel y a partir de ahora nos aconsejará sobre ropa la tía Manoli la del pueblo.
Pues recuerdo también que hace años su marido estaba bueno, ¿le habrá pasado lo mismo y ahora será un señor calvo con barriga, pantalones con pinzas y camisa de cuadritos manga corta de Dustin?o estará igual de bueno pensando: Esta señora se ha comido a la chica de la que me enamoré.

Yo sigo en mis trece. Me niego a volverme comodona y rancia por el hecho de cumplir años. No pienso prescindir de mi melena, aún me cabe la ropa de Inditex y nado un par de veces a la semana en el carril de los jacos tatuados, en lugar de en el de las señoras con gorrito de flores. Hay que cuidarse, sin obsesiones y respetando lo que la genética te ha dado, pero cuidarse. Me gusta gustarme a mi misma y al jaco poderoso que me aguanta. Mis máximas para estar bien son: Hacer deporte regularmente, comer sano, follar todo lo posible y ser optimista. Y que le den morcilla al calendario!!

Por cierto, me están empezando a salir patas de gallo, pero son de sonreir ;)

9.9.13

Cincuenta sombras y un día


Charlie Hunnan será Grey. ¿También en 3D?

Resulta que las compañeras de trabajo de mi madre, que además de ser todas como 30 años menores que ella son unas cachondas, le han regalado por su cumpleaños la famosa trilogía de las 50 sombras de Grey.

Mi madre entre risas me enseñó los libros, diciéndome que ahora se los tenía que leer para no quedar mal con ellas, pero que como yo soy muy lectora “y eso”, que si me los leía yo primero y le contaba si sí o si no. Faltaría más, madre! Me lo leo y te hago un comentario de texto, sin problemas. Así que cogí el primero y me lo llevé. Y 380 páginas después se lo devolví sin acabar. Mamá, si quieres, órale carnal, pero no vale la pena. Es a la literatura lo que Hombres mujeres y viceversa a la televisión, lo que Sonia y Selena a la música, lo que Dos colgados muy fumados al cine. Una castaña pilonga.

Aguanté 380 páginas porque quería leer al menos uno de los episodos sado que han hecho famoso al libro y millonaria a su autora, y ahí me quedé. Me pareció de un cutre, de un humillante y de un casposo tal, que en lugar de ponerme a cien me puse a 200 pero de cabreo. Si esto lo llega a escribir un hombre, en lugar de hacerle una película, le hacen un Via Crucis por misógino, cerdo y maltratador. Sale en el telediario de la Sexta fijo.

Ante este tocho supuestamente cerdete se me plantean dos lecturas distintas. La primera desde el punto de vista de su calidad como novela. Me atrevo a opinar al respecto porque soy lectora voraz desde los 4 años y aunque disfruté como una gorrina quinceañera con la saga Crepúsculo, sé que no merece ni estar apilada en la misma estantería junto a cualquier cosa que escribiera Oscar Wilde, aunque fuera su lista de la compra. Pues eso. Se lee muy rápido, mucho diálogo, ni una palabra de más de 5 sílabas, contado en primera persona y ambientado en el presente, todo muy fácil de digerir. Lleno de marcas (no entiendo porqué no puede decir que se comió una chocolatina, sin más, tiene que decir la marca de todo) y lleno de frasecitas recurrentes e ingeniosas. Como lea otra vez lo que hace “la diosa que llevo dentro” la obligo a leerse La Montaña Mágica de un tirón y en arameo.

La segunda lectura, desde el punto de vista del sexo como cebo para vender ejemplares como churros y enganchar a los (o en este caso mayoritariamente las) lectores. Bueno, qué queréis que os diga. El lenguaje sexual es explícito pero no atosigante y por mucho bondage que predique, no hay nada bizarro. Escandaloso para las que gustan de culebrones, aburrido para las liberadas modernas y para mi, ni fu ni fa. El tío está buenísimo pero es un rarito de cojones y la tía es gilipollas. Es guapa, está buena, tiene 21 años y acaba de graduarse en la universidad…y es virgen. Lo dicho, gilipollas. Lo único que le envidio es que una vez el rarito la pone en marcha, tiene orgasmos como otras tenemos dolor de espalda. Continuamente. A puñados. 4 veces al día. Lahijaputa. El colega le dice: ¡venga, ahora! Y ella, obediente como un corderito, lo da todo. Qué máquina el taradito de Grey, lástima que le haga firmar un contrato obligándola legalmente a que no puede hablar con nadie de lo que le hace, porque a mi me faltaba tiempo para llamar a mis amigas en plan ¡¡Nena, nena, nena!! Me estoy zumbando a un Jabato que lo flipas!!!
Sí que es verdad que lo ha escrito una tía, lo cuenta una tía, y cuenta lo que le pasa a ella, lo que siente ella, en primera persona, con lo que es muy fácil que te identifiques con sus sensaciones, bueno, menos cuando la está zurrando o la llama nena, que a mi eso me saca de la novela y de quicio, no lo puedo evitar.

Un buen amigo que me conoce desde hace un porrón de años, se burlaba de mí cuando se lo conté. Decía que basta que todas digan A para que yo opte por B, por eso no me ha gustado la novelita de marras cuando la mitad del universo femenino la ha leído y sus parejas lo han celebrado con champagne. Que a mi lo que me pone es ir contra corriente. Y puede que en el fondo tenga razón, porque he de reconocer que el único pasaje de la novela que me aceleró el pulso de verdad fue cuando el “pobre” Cristian Grey, en un arrebato de sinceridad, le confiesa a la ya no tan virgen pero igual de gilipollas de Anastasia que él es así porque de jovencito, una amiga de su madre lo inició al sexo de una forma directa y sin rodeos, enseñándole durante años todo lo que sabía sobre cómo dar placer a las mujeres. Por un momento me imaginé cogiendo por banda a El Pantera y obligándole a aprender despacito y sin prisas cómo se debe tratar a una dama cuando la luz escasea y la ropa se cae…Ufff, a ver si va a resultar que lo mío es estar al otro lado de la fusta…

27.8.13

El Pantera



Un día cualquiera de este mes de agosto, encontrábame yo asomada al balcón del apartamento familiar en la playa que frecuento todos los veranos (a mi me gustaría irme a Nueva Zelanda, pero de momento lo tendré que posponer otro año) a eso de las 2 del mediodía. Calor, solazo y deliciosa brisa marina que me revuelve el pelo de vez en cuando. Frente a mi el mar y a mis pies la piscina. Lo sé, lo sé, no es NZ pero el sitio mola mucho. Sin prisa, mirando perezosa la fauna que descansa al sol.
Un par de familias con niños pequeños alborotando entre cubos de Dora la Exploradora y flotadores de Rayo Mcqueen, una pareja mayor leyendo bajo la sombrilla, preadolescentes chillones, alguna parejita tomando el sol y un grupo de 10 o 12 chavales rondando los 20 que, pertrechados de móviles última generación, baraja de cartas y miles de pulseritas fluorescentes en las muñecas, pasan el rato tumbados sobre una gigantesca alfombra de toallas.

Están todos los estereotipos: La rubia buenorra de biquini minúsculo haciendo posturitas, la amiga fea a su lado, la corte de lelos fans de la rubia que ahora le hacen cosquillas, ahora le quitan el teléfono para ver que está wattsapeando mientras la fea los mira con cara de “ojalá alguien me quitara el móvil a mi” El que en lugar de pectorales tiene tetas y sólo sabe tirarse de bomba, el tirillas con gafas, la que sería guapa si supiera qué ponerse y se atreviera a mirar a los ojos a los demás, el que ya se está quedando calvo y no para de hacerse el gracioso…Y no hay más que seguir la mirada de la rubia que ya no sabe como espantarse a los moscones para ver que llega El Surfero. Un bombón de 18 años recién cumplidos, espalda descomunal, ni un gramo de grasa en ese cuerpazo esculpido a base de hacer surf desde que tenía 6 años. Piel morena, pelo rubio, ojos azules y sonrisa Profidén. Bañador de Rip Curl, o Billabong o alguna marca de esas que sólo pueden llevar los rubios buenorros y encima, una cara de buena persona que tira de espaldas. Además de guapo es encantador, buen estudiante, educado y está a punto de empezar una carrera universitaria de las complicadas. ¿Qué cómo lo sé? Porque lo conozco desde que nació, somos familia. Era un bebé precioso, fue un niño adorable y se está convirtiendo en un hombre espectacular. Y me alegro, porque lo quiero a él y a sus padres. Las nenas se lo van a rifar en la facultad, y más de una profesora auxiliar también.
Sus amigos prácticamente le hacen pasillo y acaba sin quererlo en el centro del cotarro, repartiendo sonrisas a diestro y siniestro, hablando con este y aquel y con la rubia a punto de tirarle el móvil a la cabeza a ver si le da por mirar las fotos sexys que le hizo ayer en la playa su amiga la fea.
Eso es un príncipe azul y lo demás son tonterías.

Y entonces entra en mi campo de visión otro chaval que se acerca al grupo. Alto, flaco pero muy fibrado, bañador negro sin adornos ni fluorescencias ni la marca de turno escrita con letras gigantes. Anda despacio, elástico, cargado de espaldas, con la toalla oscura en la mano,  sin móvil, ¡¡sin móvil, sacrilegio!! Y desde mi posición ligeramente elevada (sólo estoy en un segundo piso) veo que lleva tatuado en la parte baja de la nuca el número XIII. Así, en números romanos. No le veo bien la cara, pero no es un bellezón, desde luego no es tan guapo ni está tan macizo como mi sobrino, pero se mueve como un gato y me ha dejado tan intrigada su tatu como alucinada su manera de moverse. ¡Y todo eso antes de los 20! Menos mal que llevo las gafas de sol, porque no puedo dejar de mirarlo. Rodea al grupo y extiende la toalla en las afueras de la urbanización que han formado sus amigos. Se tumba despacio, con las gafas puestas, saluda a un par de chicos y se dedica a la vida contemplativa.
Observo la reacción de las damas. Ninguna le hace caso, están ensimismadas con el Príncipe Azul. Es natural, son tan jóvenes y él es tan perfecto…
Viendo el espectáculo hormonal desde el balcón sonrío. Yo también estuve allí una vez. Tumbada en una toalla con amigos y la mayoría de edad recién adquirida. Me gusta pensar que era la que sería guapa si supiera qué ponerse pero lo que tengo claro es que mis gustos no han cambiado con el paso de los años. Sé que todas las chicas de 18 que conocí hace 20 años estarían locas por mi sobrino el Surfero, y con razón, pero a mi me habría gustado El Pantera. Sin duda.

I’m back, ladies and gentlemen!! :)

21.7.13

Momentos hot de cine para una noche calurosa



Hace tanto calor que no puedo dormir.
He aquí unos cuantos grupos de fotogramas que me han puesto la piel de gallina en alguna ocasión.

Angelina y Brad bailando Mondo Bongo en Mr. Y Mrs. Smith. O la escena final en el centro comercial cuando se cargan a todo el mundo, espalda contra espalda a cámara lenta. Me encanta esta pareja, sobre todo en esta película. Pura química.


Daniel Craig viendo bailar a Siena Miller en Layercake. Toda la palícula es una pasada, pero esta escena me encanta, por todo lo que se dicen sin decirse nada.

Jon Kortajarena pidiéndole un cigarro a Colin Firth en A Single Man. Este tío excita hasta a los ángeles.
Jason Statham cargándose a alguien. Como sea, donde sea. Lo sé, está calvo y uno de mis principios es que NO me ponen los calvos. Tendré que revisar mis principios...

4.7.13

Dolce&Gabbana me han dado la razón



Hace un par de veranos escribí este post. Recomiendo leerlo antes de seguir con este, para refrescar la memoria y saber de qué estoy hablando. No os preocupéis, es cortito.

Hace unos días, callejeando por mi ciudad, descubrí la nueva campaña para el perfume Light Blue de Dolce&Galbana. Mismo concepto, mismo escenario, colores, actitud. Mismo modelo masculino, el inconmensurable y siempre bienvenido David Gandi, pero ¡oh sorpresa! Había un cambio considerable en la parte femenina de la foto. Habían sustituido a la polaca sin sangre Ana Jadogzinsca por la poderosa italiana Bianca Balti. ¡¡Qué casualidad!! Resulta que tengo criterio!! 

La nueva chati de David

La Leyenda y la aprendiz de tía buena
Me dio la risa, no lo pude evitar. Era justo lo que yo había escrito dos años atrás al ver el póster. Ahí pegaba muchísimo más un bellezón italiano con pinta de hembra apasionada y carnosa que una escuálida modelo del este. Yo puse como ejemplo a Mónica Bellucci, pero claro, ya era demasiado pedir que la mujer fuera 10 años mayor que el chulazo que la acompaña, eso sólo pasó con la campaña de Vuitton que protagonizaron Jennifer López y Adrés Velencoso. En cualquier caso, Bianca está tomando el relevo de Mónica como musa de D&G, en esta foto se las puede ver juntas. A mi me sigue gustando más la Bellucci, pero reconozco que Bianca es una preciosidad, y al menos parece una mujer, no un espárrago con rímel. Por esta jaca sí me imagino a Mr. Gandi perdiendo los papeles.

Y ahora viene la parte esotérica del asunto. Se lo estaba contando a una amiga el viernes pasado mientras cenábamos en un mexicano buenísimo dando cuenta de una jarra de exquisito Margarita (qué noche, nena, Le-gendaria!) y esta, que es experta en diseño web, gestión de contenidos, SEO y no se cuántas cosas más de ese cibermundo que me tiene desbordada, me dijo un par de cosas sobre el tema.

Resulta que las grandes marcas, tienen trabajadores cuya misión es rastrear la red a diario buscando información sobre dicha marca, con el fin de encontrar opiniones, gustos y tendencias. También para evitar que se hable mal de ellos o se difundan bulos sobre sus productos. Pues bien, mi amiga aseguraba que ese post mío podría haber llegado a la compañía gracias a los mecanismos googlerianos, habiendo influido incluso en el resultado final de la actual campaña. Yo flipando seguía sirviendo bebida, y ella, que me quiere mucho, asegurando que podría ser cierto y brindando por mi talento.

Conclusión: Yo no sé si será cierto que los señores D&G o alguno de sus lacayos se habrá pasado por Bienvenidas a los treinta, pero mi amiga y yo bebimos muchísimos Margaritas y luego fuimos a un concierto homenaje a Elvis. Todavía me duele la mandíbula de reirme y las caderas de bailar. OH YEAH!!

23.6.13

¡Aprended de Mr. Darcy, novatos!



Estoy empollando para un examen de inglés al que me presento por libre, soy así de chula, y uno de mis métodos de estudio está siendo ver películas británicas en V.O. subtituladas en inglés.
He revisionado una de mis favoritas, Orgullo y Prejuicio, ¡¡Adoro a Jane Austen!!! y se me ha abierto el cielo de dos formas distintas.

Por un lado, no vuelvo a ver una peli doblada si puedo verla en V.O. Naaaaada que ver. La de matices, inflexiones de la voz, pequeños suspiros, susurros, palabras a medio decir que se quedan por el camino con el doblaje! Las miradas, los roces y los alientos cobran un significado mucho más intenso. Me ha flipado. Ya conocía la historia, tengo todas sus novelas y mi lado romántico la tiene de referente absoluto, pero nunca había visto una de las adaptaciones de sus historias en versión original. Lo sé, a buenas horas, pero bueno, más vale tarde que nunca.

Por otro lado, he redescubierto al PUTO AMO en lo que a conquistar damas se refiere. El gran, el inmenso, el mojabragas más potente de la literatura universal. Mr. Fitzwilliam  Darcy. Y vosotros sin enteraros de que tenéis a vuestro alcance todas sus claves para hacer vuestra a cualquier fémina, porque sale en una “peli para chicas”. Vosotros que os creíais que lo máximo para llevarse al huerto a una tía era parecerse a Vin Diesel, a Mario Casas o al guaperas ese millonario y cerdete de Grey (algún día me haré el ánimo y leeré las 50 sombras esas aunque sólo sea para hablar con propiedad del tema) y resulta que el quid de la cuestión amatoria está en manos de un tipejo del S.XIX que se inventó una solterona de pueblo. Y además, ni siquiera besa a la chica en toda la película. Pues sí, queridos, a veces el no besarla ahora que se lo espera hace que el beso sea mucho más intenso e inolvidable dentro de un par de horas cuando ya lo da por perdido quelosepáis.

Vayamos pues al meollo del asunto. Partimos de la base de que es un personaje literario y convendría que leyerais la novela, pero por ser del sexo masculino, os puede valer para comprobar que mi análisis es cierto simplemente ver la peli del 2005, dirigida por Joe Wright y protagonizada por Keira Knightley y Matthew Macfayden, quien a priori no es nada del otro jueves como jaco pero que en esta estupenda adaptación está que se sale y desprende una química brutal con la flaca de Keira (una paellita para esta chica, pordiosss). Lo dicho, sería mejor que leyerais el libro, pero como los hombres sois muy visuales, si veis la peli, podréis apreciar en todo su esplendor (e intentar aplicar en vuestras conquistas, si estáis a la altura) el abanico de roces, miradas y gestos que despliega Mr. Darcy para tener a Miss Bennet con las enaguas por los suelos.

Analicemos el caso, y por ende al personaje de un modo científico. ¿Qué tiene Mr. Darcy y cómo se comporta que lo hace irresistible?

A. Es frío y poco hablador, parece que no le interesa lo que ocurre a su alrededor, parece que está en la fiesta por compromiso, pero cuando cruza una mirada contigo, la clava como si no hubiera nadie más en la habitación. Enaguas por los suelos.

B. No sabemos a cuantas damiselas habrá quitado el corsé antes de ir a por el tuyo, pero no parece un pichabraba, sino un hombre que sólo caza piezas muy especiales y escogidas. Insisto, no es que sea virgen o mojigato, simplemente, no parece un pichabraba que le va tirando a todo lo que tiene alrededor, sino que sólo está interesado en ti. Y nada hace sentirse más especial a una damisela que un tipo que teniendo la sala llena de féminas, se dedica a lanzarte miradas incendiarias en exclusiva. Enaguas por los suelos.

C. Cuando ya tienes una opinión formada de él y piensas que es un chulo, casi huraño y antisocial, resulta que le descubres sin esperarlo un gesto lleno de ternura que se le escapa y que oculta casi de inmediato para que no descubras que en el fondo es un sentimental, no vaya a ser que te enamores. Ya no sé ni dónde tengo las enaguas.

D. Llegado el momento de atacar, Mr. Darcy no se corta un pelo. Sabe lo que quiere y te lo dice a la cara con pocas palabras pero las justas. “Te quiero y quiero que de ahora en adelante formes parte de mi”. Vale, vale, eso lo escribió Jane Austen hace un porrón de años, pero ya sabéis a lo que me refiero. Con educación y en privado, descubre tus cartas mirándola a los ojos. Eso es lo que haría un Hombre, ¡coño! Eso es lo que haría MI hombre, y si pretendes serlo, aunque sea por una noche, échale huevos, pordiosss.

E. Una vez las cosas claras, si tengo problemas, allí está Mr. Darcy para echarme una mano. No pide nada a cambio, no le cuenta a todo el mundo qué ha hecho y por qué. Mr. Darcy ni siquiera quiere que te enteres tú, no quiere recompensas ni medallitas, que seas feliz le basta. ¿Pagafantas? Si fuera feo y canijo y sus favores incluyeran pasarte kleenex porque te ha dejado otra vez el chuloputas de tu ex, sí lo sería, pero Mr. Darcy es un Hombre, y los Hombres no pasan pañuelos, le dan dos hostias a tu ex y punto pelota. Je t’adore Olivier!!

F. Mr. Darcy se enfrenta a todo para conseguir a su dama. A su herencia, a su tía, a los prejuicios…Pero lo hace porque va en serio. Cualquiera no vale para ser Mr. Darcy, y de eso nos damos cuenta las mujeres enseguida, de quien está haciendo teatro y ese va a la picota fijo.

Y por último, recomendaros encarecidamente que veáis la película lápiz en mano y papel en ristre para anotar cómo Darcy  mira a Elizabeth Bennet, cómo la toca, cómo la busca con todo su cuerpo cuando está lejos pero le deja espacio cuando ella lo necesita. Cómo le dice que la quiere (o que se la quiere tirar, para los más frívolos) y sobre todo, como camina hacia ella en la última escena mientras está amaneciendo.

Si sois capaces de caminar hacia una mujer de ese modo mientras la miráis como si no hubiera un mañana y la tía os dice que no….Es que es gilipollas, la pobre.


3.6.13

A ellos también hay que piropearlos


En cuanto recupere el aliento te digo algo...

¿Sabéis eso del sistema nervioso simpático y parasimpático? Que uno pasa por el cerebro y el otro va a su bola sin pasar por el cerebro y sin que este le diga: sí, esto se hace. Pues a mi me pasa de vez en cuando eso con la lengua. Se mueve sola por puro instinto sin pasar por el cerebro y dice cosas que me salen del alma, del hígado o del furor uterino sin que mi coco las filtre primero y decida si es el momento apropiado para que me exprese con tal fervor y emoción.
Este post no va de las dos primeras opciones: ¡Te quiero desde que empezaste a salir con mi prima, cuñao!! ¡El aliento te huele a culo de cabra, jefa! Sino de la tercera: ¡Tienes los ojos más verdes que el Pantone 354!!

El viernes pasado había quedado a comer con una amiga, iba yo por el centro tan a gusto, disfrutando del solecito, con mis shorts y mis gafas de sol, que al menos por aquí ya vamos en manga corta, cuando me interceptó un voluntario de una ong con la intención de explicarme el proyecto que están llevando a cabo en el tercer mundo, todo muy serio y muy concienciado (el tema no merece menos). Pero claro, el chico me abordó mirándome con dos pedazo de ojazos negros y una sonrisa de esas que seguro le ayudaron a conseguir el puesto, y encima lo primero que me dice, cansado de que nadie se parara a escucharle es: Por favor, ¿tienes un minuto? La gente no se para a escucharnos, ni siquiera nos mira…Y mi lengua se movió sola: ¡Como para no mirarte a ti!
El chico me miró sorprendido y halagado y me dedicó en exclusiva otra de sus sonrisas infalibles, me dio las gracias  y empezó a contarme la historia, pero tuve que interrumpirlo. Ya conocía la ong, llevaba prisa y la verdad, no era precisamente charlar lo que habría hecho yo con el morenazo en ese momento. Así que me despedí cortés y me marché. Y me quedé tan a gusto.

Soy muy piropera, lo reconozco. Cuando algo (o alguien) me gusta se me escapan las alabanzas, los requiebros y las metáforas personalizadas sin pasar por la casilla de salida y sin cobrar las veinte mil (¿alguien cobra veinte mil algo hoy en día?, pero eso es otra historia y merece ser contada en otra ocasión). Volvamos a los piropos. Soy una mujer hetero, bastante hetero, muuuy hetero, de hecho, y se me van los ojos por su cuenta cuando se me cruza por delante lo que yo considero un Hombre cañón, y a veces, sólo a veces, cuando el cañón dispara cerca y me dedica una mirada de soslayo, así, soslayadamente, mi sinhueso se activa por su cuenta y el tipo se va para casa con un “tío, tienes un hijo casi tan guapo como tú” así, por el morro. Lo sé, estoy en la edad y tesitura de fijarme más en los papás recientes que en los universitarios alternativos, ya os tocará, ya. No sólo yo cumplo años, queridas. Y tengo comprobado que a todos los tipos que he piropeado les encanta por varias razones.

Porque no es habitual que una mujer piropee a un hombre. No están acostumbrados y flipan. Igual sí lo es que una veinteañera le diga a su colega de la uni que bueno estás, o que una señora de sesenta medio borracha le diga al camarero del chiringuito de Benidorm “si tú quisieras y yo pudiera, culitoprieto”, pero que una mujer normal piropee a un hombre normal al que no conoce de nada, no es habitual.

Porque es un piropo creado ad hoc para él solito y a quien no le gusta un regalo personalizado! Soy una firme defensora de que los piropos hay que personalizarlos. No vale un ¡estás más bueno que el pan! Eso se lo dices a este y a cualquiera. Nena, usa la imaginación, que a las tías de eso no nos falta, sobre todo a la hora de sacarnos defectos delante del espejo. Yo le dije una vez a un tío de los que llevaba el mantenimiento de los ascensores de mi oficina que con esa espalda podría llevar el logo de su empresa dos veces, y cada vez que volvía me saludaba con un guiño, y la arpía de contabilidad flipando en colores de porqué el superjaco de los ascensores me saludaba tanto.

Porque si junto al requiebro se te nota que no quieres ir más allá, ni los casados ni los que empujan carrito se incomodan (pero por si acaso, que no se te ponga en funcionamiento la máquina piropeitor en presencia de sus señoras o de tu hombre. Eso no es un cumplido, es una falta de respeto) Si se te escapa de forma natural, es gracioso y no lo acompañas de un lametón o un intento de enseñar una teta, no hay tío que se resista a un cumplido. Y luego ya gestionas la situación como más te interese.

Y por último contaros uno de los piropos más bonitos que me han echado. Fue hace muchos años, cuando aún vivía en mi pueblo. Tendría yo unos 15. Entré a una tienda y había dos abueletes que me miraron. Uno me reconoció (en los pueblos todo el mundo se conoce) pero el otro no. El que no sabía quien era le preguntó al otro: ¿Esta chiquilla de quién es? Hace mucho que no veía a una niña tan guapa. Y el otro le respondió: Yo también. Creo que desde la última vez que vi a su madre. Me pareció precioso y les di las gracias con mi mejor sonrisa, pero no os podéis hacer una idea de cómo se puso de contenta mi madre cuando se lo conté, ja,ja,ja.

23.5.13

La princesa y los sapos




Hace un par de domingos estaba zapeando, cuando apareció de repente en mi pantalla un chaval con la chupa de cuero y el escudo del Capitán América. Como me gustan los superhéroes me quedé un momento viendo la movida. Y empecé a flipar y a descojonarme casi de inmediato con la sucesión de personajes imposibles que empezaron a desfilar ante mi pantalla. ¿Pero qué programa es este? ¿Qué mente calenturienta y malvada ha pergeñado tamaño desfile de freaks? No soy fan de los realities, pero este me hizo reír en lugar de vomitar, así que me quedé enganchada.

Pongo en antecedentes a los no iniciados. El programa en cuestión lo emiten los domingos por la noche en Cuatro, se llama Un Príncipe para Corina y es un docu-reality en el que un montón de tíos rarunos compiten entre sí para “enamorar” a una cangrejita de esas que hacen que los tíos lean el blog de Macarronazo a ver si hay suerte y le pueden meter mano aunque sea de lejos. La niña es un bombón. 21 añitos de malagueña que para lo monísima que es no es idiota del todo, acompañada de su hermana y del amigo gay más gay del mundo.

Una de las particularidades del asunto es que esta vez los tipos están divididos por grupos según sus características morfológicas o espirituales llevadas al límite por un magistral casting que ha escogido a lo mejorcito de cada casa. Son demasiado raros para estar actuando pero son demasiado extremos para ser así de verdad…A saber:

Soy la monda de simpático!
Me duele la cara...

Los guapos. Un grupo de esteroides andantes que no saben lo que es un rocódromo pero gastan músculos de infarto y cerebro de pimiento morrón preocupados todo el día por si ya han tomado sus píldoras quemagrasas, porque no hay suficiente espacio en el baño para todas sus cremas ni suficiente armario para que sus trajes de marca cuelguen impecables. Sólo creí que salvaba a uno, un policía nacional (como no, la cabra tira al monte) supertatuado y algo menos gilipollas que el resto…hasta que confesó emocionado que era un romántico y que su cantante favorito era Pablo Alborán. Lástima, porque en camiseta y vaqueros prometía…
Y el chino vasco.

Los simpáticos. Feos hasta morirse, y ni siquiera son simpáticos sino que van de graciosillos. De arcada.

Los únicos. Los tíos más raros del mundo, incluido uno que dijo ser vampiro y al que la pobre princesita, con una carita de asco que no podía disimular, eliminó en el primer programa. Aquí se salva por guapo uno que es skater y por bizarro el chino-vasco. Como lo leéis. Un chino vasco, con bandera encima de la cama y todo. No, si será verdad eso de que los vascos nacen donde les sale de los cojones…

Los nerds. Estos son mis favoritos. Igual de raros que el resto pero estos son exagerados con los cómics, la literatura fantástica y son empollones. Ya saben que tienen las de perder y son los únicos que no se toman en serio. Además, el más feo y gordo de todos es un gallego con un sentido del humor, una retranca y una ironía que me descojono cada vez que abre la boca. Recién saliditos de The Big Bang Theory.


La belleza está en el interior...
Pero lo que de verdad me tiene enganchada del programa es lo que hacen con las imágenes después de grabar. GRANDE. Al parecer hay una cueva en los sótanos de Cuatro en la que están escondidos el equipo de montaje y producción más malévolo, burlón e hijoputa de toda la tele, que se dedica a insertar efectos de sonido, musiquitas varias, fondos de colorines y a sacar fuera de contexto frases graciosas para convertirlas en auténticos momentos de despelote. Como si no fueran suficientemente pintorescas las gracietas de los simpáticos, las autodenominaciones de los guapos, la filosofía de vida de los únicos y cualquier cosa que diga uno de los nerds. Para morirse.
Esto tiene que ser todo mentira, seguro, pero no me había reído tanto un domingo por la noche antes de enfrentarme al duro lunes, en años.

Os dejo el enlace al post sobre el programa que ha escrito mi crítico de series favorito, el cual también se ha rendido a los encantos de esta cosa rara que veremos como termina, porque no se yo la pobre princesa a qué sapo acabará besando al final…

3.5.13

Cuando Arturo se pone romántico



Existen dos clases de románticos. Los que lo son y les encanta y viven su vida de acuerdo a las leyes del romanticismo y los que no se tienen a si mismos por románticos ni sentimentales, pero a veces, hacen algo romántico sin darse cuenta.

Tengo un amigo que cada año el día de su aniversario, le regala a su novia, ahora su mujer, el mismo número de rosas rojas que años llevan juntos. Y ya lleva 9. Ella encantada de la vida, espera ansiosa el momento en que el florista irrumpa en su despacho con las flores y a ambos les chifla el asunto. No os creáis que el tipo es un flacucho enfermizo y gafitas que sólo lee a Benedeti, ¡qué va! Es un tío bastante guapo, grandote y muy deportista que rara vez no lleva nada de North Face, pero es un romántico. Pues lo siento chaval, te quiero un montón pero a mi lo de las rosas me parece una cursilada y como se te olvide un año te va a caer la del pulpo.

Yo leía bastante a Becquer en mi adolescencia. Más las leyendas que las rimas, pero las rimas también. Ese sí que era un romántico. De puro romántico han sobado tanto sus versos que ya ni los intentamos entender en toda su profundidad.

Hoy la tierra y los cielos me sonríen,

Hoy llega al fondo de mi alma el sol.

Hoy la he visto, la he visto y me ha mirado,

¡Hoy creo en Dios!

¿Te imaginas hacerle sentir esto a un hombre? Es para tirártelo un par de veces al menos, al pobre. Aunque ve con cuidado, porque si se pone así por una mirada, igual lo matas de un infarto cuando te vea cabalgando desnuda sobre él como una amazona en celo. Tú verás. A mi no me van estos especímenes de verbo florido y mirada lánguida, ni aunque escriban tan bien como este poeta.

Luego están los otros, los que no hacen cosas románticas, los chulitos curtidos en mil batallas que no se enamoran (casi nunca) ni se dejan llevar por el corazón, como los protagonistas masculinos de las novelas de Pérez-Reverte. 

Acabo de terminar El tango de la Guardia Vieja, su última novela, y me ha dejado loca, casi tanto como la anterior (El Asedio, mi favorita hasta la fecha junto con el primer Alatriste) Qué hombres, ¡qué hombres! Espero no llenar esto de spoilers por si pensáis leerlas, pero ¡qué hombres! El Capitán Lobo y Max Costa. Ambos muy diferentes pero con finales muy similares. Un par de hombres a los que las mujeres en general no han importado demasiado a lo largo de su vida, las han utilizado igual que ellas a ellos, pero llegado el momento saben distinguir de entre todas las que arrugaron sábanas junto a ellos, aquella por la que vale la pena jugarse el tipo y la dignidad (y perderlo, como sospechaban que iba a ocurrir) para que ella gane y siga su camino. Nunca he hecho esto por nadie, pero por ti, lo hago. Diossss. Cuando es real, cuando es cierto, esa clase de gestos nos vuelve locas, nos desarma, nos descoloca.

Cuando un tío al que no has conocido más que follamigas y que prefiere madrugar para hacer deporte a ligar hasta las tantas en un garito mientras se emborracha, te manda sin previo aviso una carta con sello y todo, de las que deja el cartero en el buzón, con una sola frase escrita de su puño y letra en mitad de la página abriéndote su corazón, lo mínimo que puedes hacer es enamorarte.

Advertencia. Cuando es real, cuando ella te importa de verdad y no sólo estás intentando llevártela al catre, porque tarde o temprano te pillará, y no hay nadie más temible que una mujer despechada.