31.3.14

10 pequeñas cosas que me derriten



Que se despidan con un guiño.
Mira que es sencilla la cosa, pero que un tío pase por mi lado y en lugar de decirme adiós, me guiñe un ojo con gracia, me sigue sonrojando como a una quinceañera. Aunque sea feo. Si guiña el ojo con gracia, me derrite.

Intuir el principio o el final de un tatuaje que asoma de pronto bajo una prenda de ropa. Esto me lo pegó el canalla de George Clooney en Abierto hasta el amanecer con eso que le asomaba por el cuello de la camiseta. Desde entonces, cuando un movimiento no premeditado del sujeto deja a la vista unas líneas hasta el momento desconocidas, me derrito y paso a imaginar inmediatamente cuántos más tendrá y dónde.

Unos Levi’s 501 desgastados. Esos que fueron oscuros cuando los esternó y que ahora están desgastados no donde el diseñador diga, sino donde su dueño los ha pulido a lo largo de los años con sus idas y venidas. Esos que ya han cogido la forma de tu culo perfecto y te quedan como un guante, Hombretón!

Ese es el gesto. Lo inventó Él.
Un motorista parado en un semáforo que se lleva la mano del embrague al muslo. Como encima lleve una motaza de las que me ponen tonta, la que desembraga es una servidora. Y él ahí, con el casco puesto y la mirada al frente, sin enterarse de na.

Otra de motos. Ver a un tío chafardeando con la suya, metido en harina, llave en mano, sudado (sólo un poco, tampoco nos pasemos) y sucio de grasa (lo justo para arrancarle la ropa y llevarlo a la ducha) maldiciendo en arameo porque la bujía se ha jodido otra vez. Y volviendo al punto anterior, como encima sea una Triumph o una Harley de las viejas, dame palomitas que ya tengo sesión de tarde

El gesto de sacarse la camiseta agarrándola desde
la parte trasera del cuello. Nosotras nos la quitamos desde abajo. Cruzamos los brazos hasta la cadera opuesta y la elevamos volviéndola del revés. Ellos levantan los brazacos, la cogen del cuello y estiran hacia arriba y van apareciendo los abdominales de dos en dos despaciiiito. Así se ahorran por un lado el volverla del derecho, y por otro, los preliminares conmigo.

Raylan, me pones mucho, quelosepas.
Este es muy garrulo, lo reconozco, pero si eres de la zona y sabes llevarlo, es lo más. Me derriten los tíos con sombrero stetson (el vaquero de toda la vida, vamos) Para gustos los colores, y a mi me derrite el gesto de tocarse el ala del sobrero para saludar a una señora….antes de enseñarle la placa de Marshal y llevársela esposada. Ay, Raylan Givens, cuanto has hecho por mejorar más de una noche de soledad de esta que suscribe…

Beber cerveza directamente del botellín cogiéndola por el cuello. Las jarras son para alemanes rechonchos. Los hombres beben de la botella. La cerveza, el bourbon y la leche. He dicho.

Las botas Panama Jack. Oscuras, altas y un poco gastadas. Las lleva un tío que se mueve, que se ensucia, que no suele andar por mármoles y alfombras.

Los tíos que hablan poco. Así, tal cual. Me derriten los silenciosos que en lugar de decirte que bonitos ojos tienes, te besan.

9.3.14

Esas mujeres a las que no les gustan los hombres



The Women. George Cuckor. Ni un tío en toda la película.

Seguro que todos conocéis alguna. Y no, no me refiero a las lesbianas, me refiero a esas mujeres heteros a las que no les gustan los hombres aunque estén casadas con uno.
Yo conozco a unas cuantas, y no las entiendo, no me cabe en la cabeza cómo pueden apañárselas, porque a mi me encantan, me chiflan, me pierden, me encandilan, me entusiasman los hombres.

Este tipo de mujeres suelen trabajar codo con codo con otras mujeres, rollo departamento de administración y sólo se relacionan entre ellas. Toman café ellas solas, comen en corrillo y no tienen más contacto con sus congéneres masculinos de trabajo que cuando se cruzan por las escaleras. Hay una cena de empresa y se sientan todas juntas en una mesa sólo de chicas. Van al gimnasio pero hacen pilates o yoga en una clase donde sólo hay mujeres. Dejan a los niños en el cole y se van todas juntitas a tomar café al bar de la esquina. Quedan con más parejas a cenar y se sientan todas juntas a un lado de la mesa y sus maridos en la esquina opuesta y no tienen una conversación en común en toda la noche. Y en cualquiera de las situaciones descritas anteriormente, su tema es casi siempre el mismo: o lo agobiadas que están por sus hijos, que se portan fatal y ya no saben qué hacer con ellos, o lo hartas que están de sus maridos.

No se si es la pescadilla que se muerde la cola, pero como no tratan con tíos habitualmente y les viene justito soportar al que tienen cerca, cuando están con uno, lo tratan como si fuera un crío o gilipollas, o si es guapo, como si fuera un crío gilipollas, o si está muy bueno, le entran a saco tan descaradamente en grupo como si el colega fuera un cacho de carne de ternera gallega que el pobre se va asqueado y con un par de chupetones a medio hacer.

No las entiendo. Yo tengo muy buenas amigas mujeres, me encanta hablar de trapitos y maquillaje, y cuando me pongo romántica, me gusta bailar una lenta mirando a los ojos al dador de mis orgasmos como a la que más, pero me encantan los hombres. Me han gustado siempre, y no sólo para llevármelos a la cama.

Y ahora voy a generalizar a saco basándome en los hombres a los que he querido como amigos o como amantes. Mis hombres del alma son sencillos y sinceros. Sencillos, que no tontos. Para ellos el blanco es blanco, ni roto, ni hueso, ni marfil y cuando te dicen que no les pasa nada, te puedes ir tranquilamente al cine con tus amigas que no les pasa nada y no te espera una venganza del 12 durante las próximas 6 semanas. Saben de motos, de superhéroes, de música rock…Me encanta estar con ellos cuando están a sus anchas. Me río muchísimo y me da un subidón de autoestima cuando noto que conecto con ellos, que están agusto en mi presencia y me tratan como a uno más. Son fuertes, varoniles, valientes, te tratan como a una igual pero sabes que si las cosas se ponen feas se van a partir la cara por defenderte porque eres su colega, y puede que a una novia le pongan los cuernos, pero a un colega lo seguirán hasta el infierno, porque los tíos son así.

Yo no puedo vivir lejos de ellos. Me encanta trabajar con ellos, bromear con ellos, tomar cervezas con ellos, ver en acción sus espaldas descomunales cuando las tienen, y si no las tienen, ya les encontraré algo que me guste: hoyuelos en la sonrisa, sentido del humor, un cerebro brillante, andares de gato, mirada de malo de comic. Me entiendo bien con ellos, siempre lo he hecho. Raro es el tío que me conozca y no me soporte. Raro es el tío al que yo conozca y no me guste de un modo u otro. Bueno, sí, los  que creen que el dinero todo lo puede, los trepas engominados que sólo aspiran a tener poder y un coche caro. Esos ni saben de superhéroes ni toman cerveza en garitos con desconchones en las paredes. Esos no me interesan en absoluto.

15.2.14

Disección de un pagafantas


Adivina adivinanza...¿Quien es el pagafantas?

Pues sí, nunca es tarde para aprender cosas, y yo aún no había tenido la oportunidad de ver de cerca cuáles son las cualidades masculinas que convierten a un hombre en pagafantas. Si alguna vez he convertido a alguno de mis amigos en esa clase de espécimen, juro y perjuro que no era consciente. Desde que empecé a gustar a los tíos, cuando he dejado que alguno se me acercara más de lo políticamente correcto era porque yo también tenía intenciones aviesas hacia él y si ha sido mientras yo tenía pareja, he procurado dejar claras cuanto antes las condiciones de nuestra relación para que no se llevase a engaño. Bueno, vale, en un par de ocasiones pasó que a pesar de tener pareja yo también tenía intenciones aviesas, pero diré en mi descargo que acabamos liados, así que lo suyo no fue pagafantismo!

Pero ahora he conocido a uno, y llevo unas semanas estudiándolo cual ratoncito de laboratorio en un laberinto. Así que ahí van mis conclusiones sobre el tema en tres sencillos puntos.

Punto uno. Se dice que un pagafantas es un buen tío, pero esto no es exactamente cierto. No es un capullo, pero tampoco un pedazo de pan que haría lo que fuera por ti sin pedir nada a cambio. En el fondo es egoísta, porque todo lo que te hace lo hace porque quiere sexo contigo. Todo lo que te aguanta, lo que te lleva y te trae, lo que te invita, no es porque disfruta de tu compañía o por hacerte feliz, es porque quiere meterse en tu cama, y no tiene huevos para decírtelo a la cara.

Punto dos. Un pagafantas de manual es un pesado y le da igual cómo te sientas tú mientras pueda estar cerca de tus tetas. No se da cuenta de que eso auyenta a las damas más aún que el olor corporal. Ejemplo que he visto yo con estos ojitos que se han de comer los gusanos (qué frase más bizarra) este mes, de un tío con los 30 cumplidos: al pagafantas le mola una tía que juega al tenis como él, así que la machaca durante semanas para quedar a jugar, y ella al final cede pero mejor llamamos a alguien más y jugamos dobles, que es más divertido…Primera señal clara que cualquier tío que vale la pena pillaría: no quiere quedarse a solas contigo. Pero él está encantado, ¡por fin ha logrado quedar con ella!
Ok. Ella se encarga de buscar a otra pareja para el partido, que casualmente son dos tipos más monos que el pagafantas. Ella no tiene raqueta, y se la pide a uno de los guapos (a ti, que eres el organizador NO, a otro, dato que un tío que folla gratis habitualmente notaría y tendría en cuenta pero el pagafantas ni huele) El guapo no tiene más que una y se lo comenta al pagafantas que raudo responde: ¡Yo sí tengo! Voy a llamarla y me paso por su casa a llevársela! ERROOOOR. Ella no quiere que se la prestes tú, aunque le hayas dicho una docena de veces que tienes raquetas de sobra, que puede ir a tu casa a recogerla y que la acercas al polideportivo en coche.
¿Cuál será la deriva de los acontecimientos entonces? Pues que si la única manera que tiene ella de jugar al tenis con el guapo es pasar por el aro con el pagafantas, irá a su casa, se dejará prestar la raqueta y llevar al polideportivo para pasarse después toda la tarde ignorando al pobre plasta. Y este acabará mosqueado, con lo amable y atento que ha sido con la desagradecida. Luego le digo de tomar algo los dos solos y así enderezo la situación….¡¡Tío que no aprendeeeees!!! Y esto nos lleva al punto tres.

Punto tres. Un pagafantas no sabe cuando parar, porque no tiene autoestima. Si la tuviera, se encararía con la tía y le diría: “Mira Maripili, me pones muchísimo, y quiero saber si yo a ti también porque me muero de ganas de que me dejes entrar en tu dormitorio. Te aseguro que no me vas a dejar salir de él”. Y si ella dice “no, gracias” pues a otra cosa, mariposa. Pero como no tiene huevos para hacer eso, opta por la táctica de estar pegado a ella con cualquier excusa hasta que caiga entre sus bracitos flacuchos como una manzana pocha de un árbol (iluso). O lo peor de lo peor, que intente tirarte bocao directamente en lugar de DE-CIR-TE-LO porque hay poca luz y estáis solos (aunque sea en un túnel yendo a casa en bus después del curro y no venga a cuento ni de coña). Cobra segura. Al final, lo que ocurre es que ella cada vez se siente más incómoda con su presencia, porque como el tío en realidad ni se insinúa, ni se decide a poner las cartas sobre la mesa, ella tampoco le puede decir: “tío, no tienes nada que hacer”, porque él incluso podría ofenderse. Es como el perro del hortelano pero en calamar. Porque esa es otra, no hay pagafantas atractivo, es un hecho. Suelen estar tanto por el físico como por la personalidad en la zona gris del que no es nada en concreto. Esas personas que no sabes como describir porque no hay nada en ellos que llame la atención.

Pero no se trata sólo de que sean feos, eso es una estupidez, porque tengo comprobado que SÍ hay hombres de bandera feos como orcos que se encaran con la dama que les gusta cual caballeros medievales y si se caen, lo hacen con todo el equipo, pero se levantan con dignidad. Lo hice y salió mal, pero lo hice. Esos me merecen todos los respetos. Un pagafantas, ninguno.



5.2.14

Paso de revistas



Aviso a navegantes: Este NO es un post sobre trapitos, aunque a priori lo parezca.

Josephine no se qué, modelo de Ellite NY. ¿En serio?
Siempre me ha gustado comprar revistas de moda. He pasado por Barbie tu revista, ¡qué pasa, yo también tuve 10 años! El Cosmopolitan, que la compré durante toda mi etapa de instituto y me ayudó bastante en según que cosas, ejem, y ya en la universidad empecé a aficionarme a Vogue, que para algo es la Biblia. Tengo guardados como 10 o 12 ejemplares del Vogue Colecciones, que es lo más para saber qué se va a llevar la próxima temporada y poder actualizar tu armario (puaaaj, como si pudiera comprarlo). Pues ya no. Dejé de comprarlas. Me he cansado. Ya no son para mí. Me he dado cuenta de lo absurdas que son y lo mal paridas que están. Será que me hago mayor. Y el caso es que ahora es cuando sí deberían ser para mi, porque soy su target.

No puedo con el canon estético de las modelos actuales. En los 90 las reinas de las pasarelas eran unas pedazo de jacas que tiraban de espaldas y decoraban tanto las fantasías de los tíos como las expectativas estilísticas de las catetas adolescentes que éramos. ¿Quién no ha querido tener alguna vez en pelo de Cindy Crawford, los ojos de Linda Evangelista, el culo de Naomi o la boca de Christy? O ya puestos, la cuenta corriente de cualquiera de ellas. Eran mujeres de bandera, parecían mujeres de bandera y las jovencitas queríamos ser (o al menos parecer) mujeres de bandera. Éramos capullas, lo sé, pero es un hecho que no varía con el paso del tiempo. Ellos quieren ser duros, ellas quieren ser guapas. Pues eso.

Luego llegó Kate Moss y se fastidió todo. Que viva la androginia, la delgadez enfermiza y la cara de pocos amigos. La pinta de fumada perpetua. Y ahora toca la infantilización extrema.
Resulta que para vender productos que sólo puedes aspirar a comprar si eres una ejecutiva de éxito (y eso antes de los 30 pocas lo consiguen) te camelan con una niñita de menos de 20. En las revistas de moda hace tiempo que no veo más que caritas de ángel a las que apetece dar un plato de paella después de haber lavado la cara con jabón porque ¡no tienen edad para llevar maquillaje!.
Vale que las modelos siempre han sido altas y delgadas, y ha de ser así, es lógica pura. Muestras mejor la caída de una tela si la mueven unas piernas largas y esbeltas que unas rollizas y cortas, y que no se me subleve nadie por esto, porque el error está en pensar que el producto es el modelo de mujer, cuando lo que estás vendiendo es la tela, por tanto lo que has de mostrar de forma que resaltes sus características positivas es la tela, no la mujer que la lleva, que viene a ser una estantería en movimiento.

Pero volviendo al tema de altas y delgadas, perdón, larguiruchas y escuchimizadas quería decir, ¿dónde pone que han de tener 16 años para anunciar una crema antiarrugas? ¡¡Y encima tienen los huevos de pasarlas por el Photoshop!! ¿Dónde pone que han de dar grima? ¿Se supone que tenemos que sentirnos identificadas con ellas, o lo que es peor, esforzarnos por parecernos a ellas???
¡Pero si yo era así a los en el instituto y era el centro de todas las coñas!! Es que yo era A-SÍ. A los 16 medía 1’70 y pesaba 48 kilos, con un 40 de pie y unas piernas largas y flacas como dos palillos chinos. Y no usaba sujetador porque no había apenas nada que sujetar. Me ha costado muchos años y muchas pizzas empezar a tener curvas, ¿y ahora me quieren vender la burra de la belleza total mis dobles del instituto? ¡Venga ya!!!

Y además estoy mayor. Bueno, no lo estoy, creo que estoy en la mejor etapa de mi vida. Soy lo suficientemente mayor como para que me tomen en serio y lo suficientemente joven como para no temer a las novedades, pero estoy mayor para tragarme el cuento de que mi vida mejorará si parezco la radiografía de un silbido. No me impresionan las niñas lituanas (desde hace unos años todas las modelos son de Europa del Este) con sus caritas lánguidas mostrándome los carísimos pantalones que Prada propone para esta primavera-verano. Además, es absurdo. Los Pokemon los anuncian niños, ¿por qué las niñas anuncian Loubutines? A ver: si el público objetivo de esas revistas son las mujeres de entre 30 y 50 años, que pongan a alguna modelo de más de 25, por favor, que ver tanta niña vestida de señora da repelús.

Así que paso. Ya no me gasto un duro en revistas de moda. Ya sé lo que me gusta y me favorece y me lo pongo se lleve o no. Ahora me compro revistas de cine, de motos, y por supuesto la revista Clan, esa que no falte, que tengo un seisañero en casa que se la lee de cabo a rabo.

Y de celitos nada, que también hay modelos que me gustan. Adoro a Giselle Bundchen y su nariz grande, sus ojos pequeños, sus pecas y su aspecto de acabar de venir de la playa. Y ya puestos, también quiero ser Bianca Balti. Sí, sí, la nueva chica del anuncio de David Gandy…

15.1.14

¿Dónde trabajan los guapos?



Hace poco que he empezado a currar en una oficina grande. Y este post es para contestar a la primera pregunta que me han hecho mis amigas sobre mi nuevo trabajo. Una pregunta con la que una vez más, demuestran que me quieren bien y me conocen mejor.

Tampoco es pedir tanto...
Y qué ¿Hay material o no hay material?

Somos aprox la mitad de mujeres que de hombres. Ellos son sobre 30 y nosotras unas 14, creo. Y ahora voy a dejar la falsa modestia y la corrección política en el cajón del escritorio durante el resto del post, que si no, esto va a parecer una crónica del Hola.
En el sector femenino tenemos a 2 feas, 2 madres (no porque lo sean, sino porque incluyen todos los accesorios, a saber: pelo de señora, bisutería de señora, perfume de señora, culazo de señora, zapatos de señora y actitud de señora a la que le acaban de quitar una ganga en las rebajas) y el resto (en el que también somos madres la mayoría, pero otro tipo de madres) estamos en la horquilla que va entre: “me la tiraba ya mismo” y “con dos copas en el cuerpo, me la tiraba ya mismo”.

En mi departamento somos 2 tías frente a 10 maromos, y no pude evitar sonreír para mis adentros el primer día, cuando me los presentaron. Todo el mundo muy cortés, muy profesional y educado, pero las miradas, la efusividad de las bienvenidas y la rápida puesta a mi disposición de todo lo que necesitara, eran de: ¡Yujuuuu!!! Y eso que mi compañera tiene mejor culo que yo, unos ojazos verdes que tiran de espaldas y es un encanto de tía, además de una curranta de cuidado, pero con mi llegada, tocaban a más jamelga por barba. No soy la Bellucci pero tengo mi público, je,je.

Así que estadísticamente somos un 71% de tías polveables frente a un 29% de calamares, y no pondría yo la mano en el fuego de que alguna de ellas no triunfe a última hora de la cena de empresa cuando ya está todo el pescado vendido.

Sin embargo, y esa es la razón principal del post que nos ocupa, sólo hay 4 hombres de los 30 que se podrían considerar guapos. Y no guapos de: Diosmíooo, polvotienes, polvotienes, polvotieeeeenes, jodío, que no puedo concentrarme cuando me hablas!! Ni siquiera guapos de: Si tú quisieras y yo pudiera y tu mujer no se fuera a enterar…Sino guapos de: Sí, fulanito es mono, menganito tiene una buena espalda, zutanito es atractivo, tarzanito es interesante. Guapos de: no seeeeeeee, igual una noche toooonta, con dos cubatas de más, poca luz en el garito, rincón tranquilo y si tengo el día zumbador, a lo mejor le dejo que me de un par de lametones en la yugular, pero no Guapos de: ¿Marido? ¿Qué marido? Para ti no tengo ni marido, ni vergüenza ni remordimientos!!!!

Aclarado queda. Dicho esto, ¿Qué % son 4 de 30? Poco más del 13%. Si al menos fueran de los Polveabilísimos, aún daría gracias por el porcentaje, pero sólo son chicos majos que aunque no me harían girar la cabeza por la calle, sí te pueden llegar a alegrar la vista en un momento dado.
En medio existe un pequeño grupo de 4 o 5 tíos transparentes en la zona gris, la tierra de nadie. Otro 13%.
Y por ultimo están los ORCOS. Son una recua, un enjambre, una manada, un banco de atunes! Bellísimas personas, excelentes profesionales, pero FEOS DE COJONES. Si se los cruzara Sauron los fichaba para su guardia personal. Laputa! Y son el 74% restante!!!
Los hay de todo pelaje y condición. Desde el tirillas enano gafotas (con dos carreras, eso sí, pero yo no lo tocaba ni con un palo) hasta el obeso mórbido, que es un cachondo mental, pero me quedo en una isla desierta con él y me abro la cabeza contra un cocotero chillando ¡¡¡Porquéeeeeeeeeee!!!! Montones de calvos barrigones y bajitos por todas partes, y algún que otro rarito de pelo caspograsiento cuya razón de ser es atestiguar que los empollones son impolveables.
Eso sí, a nivel intelectual disfruto como una gorrina. Casi todos saben un huevo de su especialidad y mola trabajar con ellos, aunque si los miro a los ojos más de 10 minutos tengo que ponerme gotas el resto del día porque se me reseca la córnea.
Y lo que es más incongruente de todo es que la mayoría están casados y con hijos. ¡¡En serio!! Alguna tía ha dejado que se la met…¡Vale, ya, déjalo!

Vamos, que o mucho cambian las cosas, o allí sólo voy a poder ir a trabajar.

Recuerdo una entrevista de trabajo que pasé hace años en la que el tío que me entrevistaba, que estaba destinado a ser mi jefe directo si conseguía el puesto, estaba buenísimo. Un morenazo impresionante con pinta de tener la Harley en el parking de la oficina. Estaba tan bueno que no podía concentrarme en lo que me estaba preguntando ¡y era una entrevista de trabajo!! El angelito de mi hombro derecho me decía: ¡Mustang, por Dioss, sé profesional y contesta algo más que risitas tontas!!! Y el diablo de mi hombro izquierdo me decía: ¡¡Consigue el puestooooooo, japutaaaa!!! Hazle lo que sea pero consíguelo, o primero lo consigues y luego le haces de todo!!!! Al final la cosa quedó entre otra chica y una servidora, más entrevistas y pruebas de aptitud y tal, pero al parecer el tío bueno era tan superficial como yo, porque acabó contratando a la otra, que no sé si era mejor que yo para el puesto, pero sí sé, porque la vi, que estaba más buena. 

P.D. Ah, sí, se me olvidaba. 3 de los 4 guapos están en mi departamento. Algo es algo ; )


29.12.13

Sesudo resumen Mustanguero del año que se va

No quería ser menos que el resto del mundo que se dedica estos días a hacer listas, rankings y resúmenes de lo que les ha deparado el año que se acaba pasado mañana, pero tampoco quiero aburriros, así que ahí van tres (sólo tres, pero qué tres) de los Mustangmomentos que más huella han dejado en mi espíritu sensible a lo largo de estos 12 meses. Lo sé, lo sé, soy una cultureta que no piensa más que en poesía y cine de autor, pero ¡qué se le va a hacer!
Que los disfruten, queridas, Hasta el año que viene!

22.12.13

La nueva



Ya estamos en navidades, y este que acaba ha sido uno de los años más extraños de mi vida profesional. Me ha pasado de todo, y lo único bueno, hace un par de semanas. Es muy raro las vueltas que da la
vida, y si me hubieran dicho en enero donde estaría en diciembre, habría apostado lo poco que tengo a que se equivocaban. Y si me hubieran dicho en noviembre lo bien que me iba a sentar, habría hecho otro tanto.
He estado durante 14 años trabajando en la misma empresa. He crecido personal y profesionalmente en ella, enamorada de mi trabajo hasta las trancas. He visto pasar a cientos de personas por sus instalaciones, he visto mundo gracias a ella e incluso he visto más de lo que me gustaría o debería haber visto, a veces. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhaüser, je,je,je (lo siento, no puedo estar seria mucho rato) La puta crisis empezó a afectarnos a finales de 2007, cuando aún ni se la nombraba y poco a poco fui perdiendo proyectos, compañeros muy queridos (otros no tanto) cajas de navidad, cenas de empresa, pagas extra, y al final nóminas.
Aún así, los pocos que íbamos quedando, seguíamos creyendo ciegamente en que saldríamos adelante, en que juntos, aguantando hombro con hombro con el cinturón tan apretado que sólo podías comprar marcas blancas, remontaríamos el barco. Convencidos de que como en las películas viejas, los buenos acaban ganando. Hasta que en Mayo, el barco se hundió. Empresas han cerrado cientos durante estos años, pero como la mía, ninguna. Yo estuve allí hasta el último día, la última de mi departamento. El que había sido mi superior y amigo durante todo este tiempo y yo, abrazados diciéndonos: ha sido un placer y un privilegio crecer a tu lado. Y cada uno a su casa.
Me quedé tan tocada que decidí cambiar de sector. Empezar de cero. Darle un giro a mi vida. Y me puse en marcha.
Y no me han dejado. A los 2 meses de estar en paro me llamaron de otra empresa de mi sector para trabajar a distancia, en plan “cuando tenga curro te lo paso y cuando tenga dinero te lo pago” Indecente propuesta, pero mientras encuentro algo mejor, a ello vamos. Y mientras sigo en marcha encaminando mis pasos hacia otro sector.
Y no me han dejado. A primeros de este mes recibí una llamada de la empresa a la que siempre habíamos considerado nuestra más fiera competencia ofreciéndome directamente un puesto. Jornada completa, buen sueldo, contrato indefinido, en una empresa estable y con mucho trabajo. Te necesitamos a ti, llevamos meses intentando localizarte para ficharte, queremos que te vengas como creativo (no diré más) con nosotros mañana ya si puedes. Son más grandes de lo que nosotros fuimos nunca y hay gente de primer nivel trabajando en sus filas.
 Así que después de llevar 4 meses empleando más horas en conseguir que me pagaran que en trabajar, tras 5 años de incertidumbre y cuesta abajo laboral, vuelvo a ser la nueva del departamento, en una empresa en la que jamás creí que trabajaría.
Resulta que mi sector es muy pequeño y específico, y al parecer soy muy buena en mi trabajo, y mi nombre sale en reuniones y al enterarse de que estaba libre había habido revuelo. Resulta que estoy en una edad estupenda, soy lo suficientemente mayor como para saber lo que me hago y puedo empezar a producir desde el primer día, pero lo suficientemente joven como para que no me de miedo aprender y evolucionar. ¡¡Resulta que los cambios no siempre son malos!!, y tras 5 años de inacabable lucha y tristeza profesional ahora vuelvo a tener un montón de trabajo encima de mi mesa, una caja de navidad en la despensa, una paga extra en el banco y un futuro por delante. ¡Y yo creyendo que se acababa el mundo en mayo! ¡Queriendo renunciar a lo que sé hacer cojonudamente bien porque ya no podría hacerlo allí! ¡Y resulta que mi nombre salía en reuniones! ¡Si lo llego a saber pido más pasta! Ja,ja,ja.
Ahora soy la nueva en la oficina, y me gusta. Tengo el contador a cero, nadie me conoce, ni yo sé nada de nadie, pero me miran y me tratan como si les hubieran hablado bien de mi trabajo, y eso mola. Sigo echando mucho de menos mi antigua oficina y a algunos de los compañeros que tuve, pero estoy emocionada al intuir la cantidad de cosas que puedo aprender y enseñar aquí. ¿Bien está lo que bien acaba?

Menudo año más extraño…Resulta que estoy cotizada, tú, y yo sin saberlo…