8.12.13

Qué suerte hemos tenido



Nosotras, las mujeres, en concreto. De nacer en el S.XX, a finales y en Europa.

No sabes la que te espera, Tess. Por guapa.
Me gusta mucho la literatura inglesa desde mediado el S.XVIII hasta la primera guerra mundial. Desde Jane Austen hasta Oscar Wilde, pasando por las hermanas Brönte o Thomas Hardy. Ya he hablado alguna vez de la fascinación que me provoca, quizás por su marcada diferencia con el modo actual de relacionarse socialmente a la hora del asunto sexual, la época victoriana. En estos tiempos del “hola, ¿follamos?” mi lado sensible disfruta como un gorrino en una charca con esos despliegues de gestos y miradas, de frases con doble sentido y veladas insinuaciones, total para conseguir lo mismo….pero sin arruinar tu reputación.
Ahí es donde voy, antes de que los escasos maromos que merodean por estas líneas huyan despavoridos ante tanto corsé y fruncido. Leí hace poco una novela de Hardy, “Tess de los Urberville. Una mujer pura fielmente presentada” Toma ya con el título, y flipé.

Hago un pequeño resumen aunque tenga spoilers, espero que no os importe.
Tess es una jovencita de pueblo, hija de un borracho con pretensiones. Su única baza para conseguir un buen marido es su belleza e inocencia, y con ello, sus padres aspiran a casarla con un caballero. Descubren un parentesco lejano con una familia noble, y allí que envían a Tess a ver si saca algo, con su belleza y su total desinformación sobre la vida y los hombres. Y sí saca. El señorito de la casa se obsesiona con ella y la viola. Por supuesto la deja embarazada, aunque pierde al bebé a los pocos meses de nacer. Ella queda estigmatizada de por vida, porque ha perdido su honra, y la sociedad concluye que su belleza es fruto del diablo, porque ha hecho que le pase lo que le ha pasado.
Años después conoce a un buen tipo, que también se enamora de ella y se quiere casar. Ella insiste en contarle su pasado, pero él está seguro de su amor y no quiere saber nada. De modo que se casan y en la confianza de la noche de bodas, ella, que no quiere tener secretos para su marido, se sincera…Y el “enamoradísimo” la repudia inmediatamente porque no ha sido el primero en tocarla.
De ahí al final de libro todo es un dramón. Baste decir que ella mata a su violador y entonces la ahorcan por matar a un probo ciudadano. Al menos su marido se arrepiente de haberla tratado así, aunque ya sea demasiado tarde.

Hardy se define entre otras cosas por el realismo de sus novelas, y por entrar de una manera muy fiel dentro del alma femenina de la época. Tiene otra novela que también me gustó mucho, Lejos del mundanal ruido, en la que la protagonista también en una chica valiente luchando contra los elementos, aunque esta acaba bien. ¡Vaya época! ¿Os imagináis haber nacido entonces? ¡¡No éramos nada!! Absolutamente nada. Y hasta lo que aún hoy es considerado una ventaja para nosotras, que es una carcasa agradable y apetitosa, se podía volver en tu contra si se fijaba en ti el hijoputa equivocado.

Imagina que lo único que tienes para hacerte valer en la vida es tu virginidad y tu cara bonita. Con eso tienes que conseguir un futuro para ti y para tus hijos, porque esa es otra, has de tenerlos, como no puedas (lo de que no quieras es inconcebible) estás acabada. Si eres fea, has de decirle que sí al primero que te lo pida, quien sabe si habrá otro. Si eres bonita igual puedes pescar a un marido más rico, aunque sea más viejo o más mala persona, o las dos cosas juntas. Y sin rechistar hasta que te mueras. El puede hacer su vida, pero como tú pongas tus lindos ojos en otros bigotes menos amarillentos, estás desahuciada. Tú y tus hijas. Tus hijos varones aún podrán hacer carrera en el ejército y congraciarse de nuevo con la familia paterna, pero olvídate de casar bien a tus hijas, que la sociedad no olvida que una noche un apuesto oficial rebuscó bajo tus prohibidas enaguas en un baile de máscaras.

Qué suerte hemos tenido, ya que íbamos a nacer mujeres, de hacerlo a finales del S.XX, en Europa en concreto (porque si llegamos a nacer en Oriente Medio o Africa, qué más nos da el siglo) Qué suerte la nuestra de poder contar además de con nuestra cara bonita, con nuestro cerebro, con nuestros brazos y con nuestro libre albedrío a la hora de abrirnos de piernas.

Aún así, cuando yo era adolescente, en mi pueblo, de mi edad, éramos dos pandillas de chicas. Los chicos con los que íbamos normalmente nos habían puesto un apodo a cada grupo. Las Putas y Las Monjas. Las primeras eran las que se enrollaban con ellos, y las segundas, es decir, mis amigas y yo, las que éramos vírgenes, castas y puras y no se nos conocía novio ni rollete. Ellos decían que salían con las Putas pero que se casarían con Las Monjas. Y Las Monjas callábamos, sonreíamos mientras nos sonrojábamos discretamente en el salón parroquial y los fines de semana escapábamos a la ciudad a hacer con nuestros cuerpos lo que nos diera la gana. Los pobres muchachos de nuestro pueblo no sólo se equivocaban en eso, tampoco acertaron con lo de cazarnos para ser las madres de sus hijos cuando se cansaran de picar y volar. Acabamos todas con hombres seguros de sí mismos a los que nuestro pasado y reputación les importaba verdaderamente un pito. Tanto como a nosotras la suya.

12 comentarios:

  1. Es cierto, sois muy afortunadas y en lo que a mi respecta somos afortunados. Pero te diré que no me parece que en la adolescencia las chicas lo tengais tan claro muchas chicas...Habia mucha confusión cuando lo era yo .. y creo que se mantiene incluso ahora, observando algunos aspectos de la conducta de mis hijos adolescentes .

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    1. Sí, en general ellas siguen desviviéndose por parecer guapas y ellos por parecer duros. Cambian las formas, pero el fondo es el mismo...

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  2. Pues sí, hemos tenido mucha suerte. Nos enfrentamos a cosas todos los días, pero no son nada comparado con lo de antes. He pensado alguna vez qué sería de mí con esta mentalidad hace un siglo y no sale muy bien el pensamiento.

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    1. Pues según palabras de mi abuela, seríamos felices, porque no concebiríamos otra cosa y esa fue nuestra juventud. El problema sería volver allí después de haber disfrutado de las ventajas de nuestra época.

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    2. Con todo mi respeto hacia tu abuela, pero, por ejemplo, si tu marido te daba palizas, o si te forzaba a tener relaciones y parir un hijo cada año, pues muy feliz no serías...otra cosa es que te tocara uno que aunque viejuno o feo o sin amor por ninguna de las dos partes, más o menos te dejase en paz y no te amargara la vida, ahi supongo que sería llevadero

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    3. No, no, desde luego, no hay color. Supongo que se refería más bien al sentimiento de "Volveremos a reir, pero no volveremos a ser jóvenes" que tienen la mayoría de viejos. Ese rollo de que cualquier tiempo pasado fue mejor...porque fue tu tiempo y el de ahora sientes que ya no lo es.

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  3. En el pueblo mediterráneo donde vivo, parece ser que aquellos grupos adolescentes aún continúan sesgando a la gente que vive aquí... por lo que me pregunto yo, con palabras de Henry Thoreau: "Qué sentido tiene nacer libres y no vivir libres?"
    Han pasado un par de siglos desde historias como las que contaba Hardy pero aún así, me sigue dando pena ver como muchos hombres no han dejado de salir con "Las Putas" los fines de semana mientras sus adoradas esposas (que a ver si nos encuentran, ya, un mejor nombre para usar cuando nos casamos antes que este maldito simil a estar "esposada" a nuestro elegido) continúan escapando a la ciudad para que alguien haga con sus cuerpos lo que ellas verdaderamente desean.
    Particularmente prefiero esperar por un hombre que me conquiste como en aquella época... con miradas y frases con doble sentido pero que también respete, admire y se enamore de mi camino recorrido, porque ha sido el mismo que me trajo y atrajo hacia él.

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    1. Estoy de acuerdo. Como veo que te va la literatura y eres nuev apor estos lares, te paso un enlace a otro post que creo te gustará. Bienvenida, tómate una cervecita ; )
      http://bienvenidasalostreinta.blogspot.com.es/2013/06/aprended-de-mr-darcy-novatos.html

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    2. Encantada de haberte encontrado y gracias!
      Cheers :)

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  4. Leí Tess hace bastantes años y sí, me sorprendió como a ti lo injustos que eran los hombres en aquella época con las mujeres, y sobre todas las injusticias el rollo aquel de "si la han violado por algo será...." Por cierto, en la película o serie hace de Ángel mi queridísimo Eddie Redmayne, no te la pierdas.

    Y sí, totalmente de acuerdo, somos unas suertudas. Besos.

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