11.10.13

Por qué lo llaman hipster cuando quieren decir feo


Paso de afeitarme...y de follar.

Mirad atentamente al chico de la foto, please. Es un tío guapo. Ojazos a pesar de todo lo que los rodea. Yo lo miraría si me lo cruzara por la calle...Afeitado o con barba de tres días. Si me lo cruzara así, igual le daba un euro y le indicaba por donde queda el centro de médicos del mundo más cercano, pero desde luego no se me iba a escapar un requiebro lujurioso.

Quedada de chicas, bueno, vale, de mujeres, para qué nos vamos a engañar. Ibamos 11 y después de que nos echaran de la tapería donde cenamos, buscamos un local de copas que tuviera la suficiente luz y el volumen justo de la música como para poder continuar hablando entre gritos y carcajadas de nuestra relación de amor-odio con el sexo masculino.
Fachada moderna, limpia y blanca, una exposición de ilustraciones no demasiado mala en las paredes, la carta escrita con tiza por las paredes y música de la que NO suena en los 40 principales por los altavoces. Aquí nos quedamos. Entramos ensimismadas y nos acercamos en plan enjambre a la barra, y desde el otro lado del tirador de cerveza, un par de sujetos, bueno, un sujeto y una sujeta, nos dicen qué queremos. ¡Que te peines, niña, eso para empezar!
El tío era un tirillas, yo tengo más espalda que ese alfeñique de pelo grasiento y sombrerito más pequeño aún que sus inexistentes bíceps. Gafas de pasta, de esas que llevaba el empollón de mi instituto, al que corrían a collejas tanto los rockers como los heavys, y una barba que habría hecho las delicias de los que cantaban “España camisa blanca de mi esperanza”. Fular y camiseta nosecomo porque ya no pude seguir mirando, se me taponaron las córneas.

La tía con una melenita naranja justo por debajo de la oreja, pálida como un muerto, labios rojos y gafas de pasta rojas, color que como todo el mundo sabe combina de puta madre con un pelo naranja. Vestidito de flores sin mangas robado del armario de Lena Durham y collarcitos varios.
Yo me encontraba en ese momento en plena conversación sobre las ventajas de tirarte a un director de cine si eres una mala aspirante a actriz, con una arquitecta y una directora de documentales. (Lo digo para que no quede como que éramos tres catetas que no han salido de su pueblo ni para ir a la romería del de al lado). Pues eso, que a pesar de haber visto cosas que vosotros no creeríais, nos quedamos las tres de pasta de boniato. 

Son Hipsters, díjome una cuando el colega apartó su barba de mi cerveza. Son Modernos, dijo la otra condescendiente. Lo que son es feos de cojones, los dos, por eso necesitan ponerse de todo por encima para conseguir que los miren. En fin, me estaré haciendo vieja, pero eso de la Modernor no me va en absoluto. 

Entonces eché un vistazo en derredor y me di cuenta de que lo de los barbudos y las modernas era epidemia. Habíamos recalado en un garito Hipster. Todos los tíos sin chicha ni limoná y alérgicos al peluquero. Todos miopes, (bueno, eso supongo, por la abundancia de gafas coloridas) con ropa de los 70 y actitud de intelectual de la transición. Y las barbas…¿Porqué?? ¿Qué necesidad hay? Y mira que a mi me encanta una barba de tres días recreándose en la mandíbula cuadrada de un tío de mirada patibularia, pero eso no eran barbas, ¡era dejadez pilosa!, y por ahí si que no paso. El único náufrago que me gusta es Robinson Crusoe.

Cuando por fin parece que la moda de llevar los calzoncillos por fuera de los vaqueros está pasada, ahora les da a los tíos por dejar de afeitarse en masa. Yo no podía dejar de mirar al tirillas poniendo cañas y tapas, rascándose la barbilla y volviendo a la tarea. Cuando la moda de llevar el tanga fosforito a la vista ya parecía superada, va y les da a todas por ponerse feas. No sé decirlo de otra manera. Van vestidas como de abuela putilla. No lo entiendo. Las zapatillitas planas de cordones, los vestiditos de estampados imposibles, los bolsos de plasticazo y todos los cacharritos que te puedas colgar encima.

No es que sea una experta, pero sí se qué prendas favorecen a prácticamente cualquier clase de constitución física, pero sobre todo, sé que prendas me favorecen a mi. ¿No se dan cuenta cuando se miran al espejo antes de salir de que van hechos unos espantajos? Me choca mucho ese afán por afearse que al parecer está de moda. 

Definitivamente, yo no soy Moderna.

22.9.13

No es obligatorio, señoras.



Señora anteriormente conocida como Elsa Pataky

Tengo una conocida que es pianista profesional. Catedrática, miembro de orquesta de cámara y toda la pesca. Una tía un par de años mayor que yo, 1’65, delgada, rubia con el pelo rizado, ojos verdes y sonrisa simpática. Muy culta y estilosa. No es una jaca despampanante, es mucho mejor, una mujer muy guapa y una artista.
Recuerdo una vez que me la crucé por la calle y llevaba una boina de lana ladeada con los rizos rubios flotando alrededor de su cara hasta la altura del pecho, unas gafas Ray-Ban de aviador, chaleco largo de pelo sobre una camisa, vaqueros pitillo y botas altas por fuera del pantalón. Tenía un look de artista bohemia con un punto sexy que me encantó. Estaba muy guapa. Sin apenas maquillar y sin joyas, sólo con su encanto personal y esa preciosa melena moviéndose a su alrededor.
Llevaba unos meses sin verla y hace unos días volvimos a coincidir y casi me da un pasmo. ¿Qué le ha pasado a tu peloooo!!!??? Lo llevaba más corto que su marido. Los rizos se le arremolinaban alrededor del cráneo como si fuera un caniche, o lo que es peor, como si fuera una señora de 60 años, de pueblo.
Ay, chica, me decía ella, estaba harta de cuidármelo, así es mucho más cómodo…Y yo intentando vocalizar para decirle algo…¿Qué-qué tal el verano? Conseguí mascullar. Lo siento, no puedo decir que algo me gusta cuando estoy horrorizada, aunque tampoco soy de las que dicen las verdades a la cara en plan: Tía, te acabas de echar 15 años encima y has perdido de golpe todo el aura de glamour y bohemia que tenías. Antes eras pianista, ahora eres una señora como todas las demás. Ahora mismo mando a mis padrinos a tu peluquera porque esto no puede quedar así.

Supongo que su encanto personal seguirá intacto, que seguirá siendo igual de profesional que antes, que su cerebro no habrá perdido ni un ápice de capacidad tras la ejecución sumaria de sus bucles dorados, pero a mi se me cayó un mito. Otra tía que después de tener dos hijos y rondar la temida cuarentena se corta el pelo a lo chico porque es más cómodo y se la repanpimfla a estas alturas estar guapa. ¿Porqué el 80% de las madres de la clase de mi hijo llevan el pelo que no les llega a los hombros? ¿Porqué casi ninguna se maquilla, ni se pone tacones ni hace deporte? ¿Es obligatorio convertirte en una “señora de mediana edad” a partir de los 35? Miedito me da cada vez que me encuentro a una ex compañera de instituto, diría que parecen mi madre, pero mi madre es más elegante y moderna.

El viernes quedé para almorzar con una buena amiga también de mi edad que es diseñadora. Una de esas quedadas refrescantes y deliciosas que le hacen el mismo bien a tu alma que un mes de gimnasio a tu cuerpo. Aparecimos las dos en esa soleada mañana con shorts vaqueros. Ella los acompañaba con una camisa a cuadros de Mango que le quedaba de coña y yo con un jersey amplio y ligero con una calavera (fina y elegante, en mi línea) Ella con sandalias de cuña y yo con botines biker con hebillas. Ambas con melena al viento y gafas de sol. No es porque no tenga abuela, pero si hubiéramos pasado por delante de un cuartel de bomberos habría sonado la sirena. Pues por casualidad en la misma cafetería en que recalamos, estaba una ex compañera mía de trabajo con una amiga inmersas en los mismos menesteres en los que íbamos a enfrascarnos nosotras. Lo mismo: las dos de nuestra quinta, las dos con estilos parecidos (Dios los cría y ellos se juntan) y las dos con unas pintas de maruja rancia que tiraban de espaldas. Pelo corto, cara lavada, lunares grandes, lazos, prendas de la sección de señora del C&A, un par de cromos. Yo recordaba a esta chica de la oficina, con sus vestidos entallados, sus tacones y su melena rubia recogida en un moño, muy ejecutiva profesional…¿Pero qué le ha pasado???!! Ah, sí, que va a cumplir 40 y tiene 2 niños. Ala, a tomar pol culo la autoestima y el me gusta lo que veo en el espejo. Engordemos sin control, cortémonos el pelo, tiremos a la basura tacones y rimel y a partir de ahora nos aconsejará sobre ropa la tía Manoli la del pueblo.
Pues recuerdo también que hace años su marido estaba bueno, ¿le habrá pasado lo mismo y ahora será un señor calvo con barriga, pantalones con pinzas y camisa de cuadritos manga corta de Dustin?o estará igual de bueno pensando: Esta señora se ha comido a la chica de la que me enamoré.

Yo sigo en mis trece. Me niego a volverme comodona y rancia por el hecho de cumplir años. No pienso prescindir de mi melena, aún me cabe la ropa de Inditex y nado un par de veces a la semana en el carril de los jacos tatuados, en lugar de en el de las señoras con gorrito de flores. Hay que cuidarse, sin obsesiones y respetando lo que la genética te ha dado, pero cuidarse. Me gusta gustarme a mi misma y al jaco poderoso que me aguanta. Mis máximas para estar bien son: Hacer deporte regularmente, comer sano, follar todo lo posible y ser optimista. Y que le den morcilla al calendario!!

Por cierto, me están empezando a salir patas de gallo, pero son de sonreir ;)

9.9.13

Cincuenta sombras y un día


Charlie Hunnan será Grey. ¿También en 3D?

Resulta que las compañeras de trabajo de mi madre, que además de ser todas como 30 años menores que ella son unas cachondas, le han regalado por su cumpleaños la famosa trilogía de las 50 sombras de Grey.

Mi madre entre risas me enseñó los libros, diciéndome que ahora se los tenía que leer para no quedar mal con ellas, pero que como yo soy muy lectora “y eso”, que si me los leía yo primero y le contaba si sí o si no. Faltaría más, madre! Me lo leo y te hago un comentario de texto, sin problemas. Así que cogí el primero y me lo llevé. Y 380 páginas después se lo devolví sin acabar. Mamá, si quieres, órale carnal, pero no vale la pena. Es a la literatura lo que Hombres mujeres y viceversa a la televisión, lo que Sonia y Selena a la música, lo que Dos colgados muy fumados al cine. Una castaña pilonga.

Aguanté 380 páginas porque quería leer al menos uno de los episodos sado que han hecho famoso al libro y millonaria a su autora, y ahí me quedé. Me pareció de un cutre, de un humillante y de un casposo tal, que en lugar de ponerme a cien me puse a 200 pero de cabreo. Si esto lo llega a escribir un hombre, en lugar de hacerle una película, le hacen un Via Crucis por misógino, cerdo y maltratador. Sale en el telediario de la Sexta fijo.

Ante este tocho supuestamente cerdete se me plantean dos lecturas distintas. La primera desde el punto de vista de su calidad como novela. Me atrevo a opinar al respecto porque soy lectora voraz desde los 4 años y aunque disfruté como una gorrina quinceañera con la saga Crepúsculo, sé que no merece ni estar apilada en la misma estantería junto a cualquier cosa que escribiera Oscar Wilde, aunque fuera su lista de la compra. Pues eso. Se lee muy rápido, mucho diálogo, ni una palabra de más de 5 sílabas, contado en primera persona y ambientado en el presente, todo muy fácil de digerir. Lleno de marcas (no entiendo porqué no puede decir que se comió una chocolatina, sin más, tiene que decir la marca de todo) y lleno de frasecitas recurrentes e ingeniosas. Como lea otra vez lo que hace “la diosa que llevo dentro” la obligo a leerse La Montaña Mágica de un tirón y en arameo.

La segunda lectura, desde el punto de vista del sexo como cebo para vender ejemplares como churros y enganchar a los (o en este caso mayoritariamente las) lectores. Bueno, qué queréis que os diga. El lenguaje sexual es explícito pero no atosigante y por mucho bondage que predique, no hay nada bizarro. Escandaloso para las que gustan de culebrones, aburrido para las liberadas modernas y para mi, ni fu ni fa. El tío está buenísimo pero es un rarito de cojones y la tía es gilipollas. Es guapa, está buena, tiene 21 años y acaba de graduarse en la universidad…y es virgen. Lo dicho, gilipollas. Lo único que le envidio es que una vez el rarito la pone en marcha, tiene orgasmos como otras tenemos dolor de espalda. Continuamente. A puñados. 4 veces al día. Lahijaputa. El colega le dice: ¡venga, ahora! Y ella, obediente como un corderito, lo da todo. Qué máquina el taradito de Grey, lástima que le haga firmar un contrato obligándola legalmente a que no puede hablar con nadie de lo que le hace, porque a mi me faltaba tiempo para llamar a mis amigas en plan ¡¡Nena, nena, nena!! Me estoy zumbando a un Jabato que lo flipas!!!
Sí que es verdad que lo ha escrito una tía, lo cuenta una tía, y cuenta lo que le pasa a ella, lo que siente ella, en primera persona, con lo que es muy fácil que te identifiques con sus sensaciones, bueno, menos cuando la está zurrando o la llama nena, que a mi eso me saca de la novela y de quicio, no lo puedo evitar.

Un buen amigo que me conoce desde hace un porrón de años, se burlaba de mí cuando se lo conté. Decía que basta que todas digan A para que yo opte por B, por eso no me ha gustado la novelita de marras cuando la mitad del universo femenino la ha leído y sus parejas lo han celebrado con champagne. Que a mi lo que me pone es ir contra corriente. Y puede que en el fondo tenga razón, porque he de reconocer que el único pasaje de la novela que me aceleró el pulso de verdad fue cuando el “pobre” Cristian Grey, en un arrebato de sinceridad, le confiesa a la ya no tan virgen pero igual de gilipollas de Anastasia que él es así porque de jovencito, una amiga de su madre lo inició al sexo de una forma directa y sin rodeos, enseñándole durante años todo lo que sabía sobre cómo dar placer a las mujeres. Por un momento me imaginé cogiendo por banda a El Pantera y obligándole a aprender despacito y sin prisas cómo se debe tratar a una dama cuando la luz escasea y la ropa se cae…Ufff, a ver si va a resultar que lo mío es estar al otro lado de la fusta…

27.8.13

El Pantera



Un día cualquiera de este mes de agosto, encontrábame yo asomada al balcón del apartamento familiar en la playa que frecuento todos los veranos (a mi me gustaría irme a Nueva Zelanda, pero de momento lo tendré que posponer otro año) a eso de las 2 del mediodía. Calor, solazo y deliciosa brisa marina que me revuelve el pelo de vez en cuando. Frente a mi el mar y a mis pies la piscina. Lo sé, lo sé, no es NZ pero el sitio mola mucho. Sin prisa, mirando perezosa la fauna que descansa al sol.
Un par de familias con niños pequeños alborotando entre cubos de Dora la Exploradora y flotadores de Rayo Mcqueen, una pareja mayor leyendo bajo la sombrilla, preadolescentes chillones, alguna parejita tomando el sol y un grupo de 10 o 12 chavales rondando los 20 que, pertrechados de móviles última generación, baraja de cartas y miles de pulseritas fluorescentes en las muñecas, pasan el rato tumbados sobre una gigantesca alfombra de toallas.

Están todos los estereotipos: La rubia buenorra de biquini minúsculo haciendo posturitas, la amiga fea a su lado, la corte de lelos fans de la rubia que ahora le hacen cosquillas, ahora le quitan el teléfono para ver que está wattsapeando mientras la fea los mira con cara de “ojalá alguien me quitara el móvil a mi” El que en lugar de pectorales tiene tetas y sólo sabe tirarse de bomba, el tirillas con gafas, la que sería guapa si supiera qué ponerse y se atreviera a mirar a los ojos a los demás, el que ya se está quedando calvo y no para de hacerse el gracioso…Y no hay más que seguir la mirada de la rubia que ya no sabe como espantarse a los moscones para ver que llega El Surfero. Un bombón de 18 años recién cumplidos, espalda descomunal, ni un gramo de grasa en ese cuerpazo esculpido a base de hacer surf desde que tenía 6 años. Piel morena, pelo rubio, ojos azules y sonrisa Profidén. Bañador de Rip Curl, o Billabong o alguna marca de esas que sólo pueden llevar los rubios buenorros y encima, una cara de buena persona que tira de espaldas. Además de guapo es encantador, buen estudiante, educado y está a punto de empezar una carrera universitaria de las complicadas. ¿Qué cómo lo sé? Porque lo conozco desde que nació, somos familia. Era un bebé precioso, fue un niño adorable y se está convirtiendo en un hombre espectacular. Y me alegro, porque lo quiero a él y a sus padres. Las nenas se lo van a rifar en la facultad, y más de una profesora auxiliar también.
Sus amigos prácticamente le hacen pasillo y acaba sin quererlo en el centro del cotarro, repartiendo sonrisas a diestro y siniestro, hablando con este y aquel y con la rubia a punto de tirarle el móvil a la cabeza a ver si le da por mirar las fotos sexys que le hizo ayer en la playa su amiga la fea.
Eso es un príncipe azul y lo demás son tonterías.

Y entonces entra en mi campo de visión otro chaval que se acerca al grupo. Alto, flaco pero muy fibrado, bañador negro sin adornos ni fluorescencias ni la marca de turno escrita con letras gigantes. Anda despacio, elástico, cargado de espaldas, con la toalla oscura en la mano,  sin móvil, ¡¡sin móvil, sacrilegio!! Y desde mi posición ligeramente elevada (sólo estoy en un segundo piso) veo que lleva tatuado en la parte baja de la nuca el número XIII. Así, en números romanos. No le veo bien la cara, pero no es un bellezón, desde luego no es tan guapo ni está tan macizo como mi sobrino, pero se mueve como un gato y me ha dejado tan intrigada su tatu como alucinada su manera de moverse. ¡Y todo eso antes de los 20! Menos mal que llevo las gafas de sol, porque no puedo dejar de mirarlo. Rodea al grupo y extiende la toalla en las afueras de la urbanización que han formado sus amigos. Se tumba despacio, con las gafas puestas, saluda a un par de chicos y se dedica a la vida contemplativa.
Observo la reacción de las damas. Ninguna le hace caso, están ensimismadas con el Príncipe Azul. Es natural, son tan jóvenes y él es tan perfecto…
Viendo el espectáculo hormonal desde el balcón sonrío. Yo también estuve allí una vez. Tumbada en una toalla con amigos y la mayoría de edad recién adquirida. Me gusta pensar que era la que sería guapa si supiera qué ponerse pero lo que tengo claro es que mis gustos no han cambiado con el paso de los años. Sé que todas las chicas de 18 que conocí hace 20 años estarían locas por mi sobrino el Surfero, y con razón, pero a mi me habría gustado El Pantera. Sin duda.

I’m back, ladies and gentlemen!! :)

21.7.13

Momentos hot de cine para una noche calurosa



Hace tanto calor que no puedo dormir.
He aquí unos cuantos grupos de fotogramas que me han puesto la piel de gallina en alguna ocasión.

Angelina y Brad bailando Mondo Bongo en Mr. Y Mrs. Smith. O la escena final en el centro comercial cuando se cargan a todo el mundo, espalda contra espalda a cámara lenta. Me encanta esta pareja, sobre todo en esta película. Pura química.


Daniel Craig viendo bailar a Siena Miller en Layercake. Toda la palícula es una pasada, pero esta escena me encanta, por todo lo que se dicen sin decirse nada.

Jon Kortajarena pidiéndole un cigarro a Colin Firth en A Single Man. Este tío excita hasta a los ángeles.
Jason Statham cargándose a alguien. Como sea, donde sea. Lo sé, está calvo y uno de mis principios es que NO me ponen los calvos. Tendré que revisar mis principios...

4.7.13

Dolce&Gabbana me han dado la razón



Hace un par de veranos escribí este post. Recomiendo leerlo antes de seguir con este, para refrescar la memoria y saber de qué estoy hablando. No os preocupéis, es cortito.

Hace unos días, callejeando por mi ciudad, descubrí la nueva campaña para el perfume Light Blue de Dolce&Galbana. Mismo concepto, mismo escenario, colores, actitud. Mismo modelo masculino, el inconmensurable y siempre bienvenido David Gandi, pero ¡oh sorpresa! Había un cambio considerable en la parte femenina de la foto. Habían sustituido a la polaca sin sangre Ana Jadogzinsca por la poderosa italiana Bianca Balti. ¡¡Qué casualidad!! Resulta que tengo criterio!! 

La nueva chati de David

La Leyenda y la aprendiz de tía buena
Me dio la risa, no lo pude evitar. Era justo lo que yo había escrito dos años atrás al ver el póster. Ahí pegaba muchísimo más un bellezón italiano con pinta de hembra apasionada y carnosa que una escuálida modelo del este. Yo puse como ejemplo a Mónica Bellucci, pero claro, ya era demasiado pedir que la mujer fuera 10 años mayor que el chulazo que la acompaña, eso sólo pasó con la campaña de Vuitton que protagonizaron Jennifer López y Adrés Velencoso. En cualquier caso, Bianca está tomando el relevo de Mónica como musa de D&G, en esta foto se las puede ver juntas. A mi me sigue gustando más la Bellucci, pero reconozco que Bianca es una preciosidad, y al menos parece una mujer, no un espárrago con rímel. Por esta jaca sí me imagino a Mr. Gandi perdiendo los papeles.

Y ahora viene la parte esotérica del asunto. Se lo estaba contando a una amiga el viernes pasado mientras cenábamos en un mexicano buenísimo dando cuenta de una jarra de exquisito Margarita (qué noche, nena, Le-gendaria!) y esta, que es experta en diseño web, gestión de contenidos, SEO y no se cuántas cosas más de ese cibermundo que me tiene desbordada, me dijo un par de cosas sobre el tema.

Resulta que las grandes marcas, tienen trabajadores cuya misión es rastrear la red a diario buscando información sobre dicha marca, con el fin de encontrar opiniones, gustos y tendencias. También para evitar que se hable mal de ellos o se difundan bulos sobre sus productos. Pues bien, mi amiga aseguraba que ese post mío podría haber llegado a la compañía gracias a los mecanismos googlerianos, habiendo influido incluso en el resultado final de la actual campaña. Yo flipando seguía sirviendo bebida, y ella, que me quiere mucho, asegurando que podría ser cierto y brindando por mi talento.

Conclusión: Yo no sé si será cierto que los señores D&G o alguno de sus lacayos se habrá pasado por Bienvenidas a los treinta, pero mi amiga y yo bebimos muchísimos Margaritas y luego fuimos a un concierto homenaje a Elvis. Todavía me duele la mandíbula de reirme y las caderas de bailar. OH YEAH!!

23.6.13

¡Aprended de Mr. Darcy, novatos!



Estoy empollando para un examen de inglés al que me presento por libre, soy así de chula, y uno de mis métodos de estudio está siendo ver películas británicas en V.O. subtituladas en inglés.
He revisionado una de mis favoritas, Orgullo y Prejuicio, ¡¡Adoro a Jane Austen!!! y se me ha abierto el cielo de dos formas distintas.

Por un lado, no vuelvo a ver una peli doblada si puedo verla en V.O. Naaaaada que ver. La de matices, inflexiones de la voz, pequeños suspiros, susurros, palabras a medio decir que se quedan por el camino con el doblaje! Las miradas, los roces y los alientos cobran un significado mucho más intenso. Me ha flipado. Ya conocía la historia, tengo todas sus novelas y mi lado romántico la tiene de referente absoluto, pero nunca había visto una de las adaptaciones de sus historias en versión original. Lo sé, a buenas horas, pero bueno, más vale tarde que nunca.

Por otro lado, he redescubierto al PUTO AMO en lo que a conquistar damas se refiere. El gran, el inmenso, el mojabragas más potente de la literatura universal. Mr. Fitzwilliam  Darcy. Y vosotros sin enteraros de que tenéis a vuestro alcance todas sus claves para hacer vuestra a cualquier fémina, porque sale en una “peli para chicas”. Vosotros que os creíais que lo máximo para llevarse al huerto a una tía era parecerse a Vin Diesel, a Mario Casas o al guaperas ese millonario y cerdete de Grey (algún día me haré el ánimo y leeré las 50 sombras esas aunque sólo sea para hablar con propiedad del tema) y resulta que el quid de la cuestión amatoria está en manos de un tipejo del S.XIX que se inventó una solterona de pueblo. Y además, ni siquiera besa a la chica en toda la película. Pues sí, queridos, a veces el no besarla ahora que se lo espera hace que el beso sea mucho más intenso e inolvidable dentro de un par de horas cuando ya lo da por perdido quelosepáis.

Vayamos pues al meollo del asunto. Partimos de la base de que es un personaje literario y convendría que leyerais la novela, pero por ser del sexo masculino, os puede valer para comprobar que mi análisis es cierto simplemente ver la peli del 2005, dirigida por Joe Wright y protagonizada por Keira Knightley y Matthew Macfayden, quien a priori no es nada del otro jueves como jaco pero que en esta estupenda adaptación está que se sale y desprende una química brutal con la flaca de Keira (una paellita para esta chica, pordiosss). Lo dicho, sería mejor que leyerais el libro, pero como los hombres sois muy visuales, si veis la peli, podréis apreciar en todo su esplendor (e intentar aplicar en vuestras conquistas, si estáis a la altura) el abanico de roces, miradas y gestos que despliega Mr. Darcy para tener a Miss Bennet con las enaguas por los suelos.

Analicemos el caso, y por ende al personaje de un modo científico. ¿Qué tiene Mr. Darcy y cómo se comporta que lo hace irresistible?

A. Es frío y poco hablador, parece que no le interesa lo que ocurre a su alrededor, parece que está en la fiesta por compromiso, pero cuando cruza una mirada contigo, la clava como si no hubiera nadie más en la habitación. Enaguas por los suelos.

B. No sabemos a cuantas damiselas habrá quitado el corsé antes de ir a por el tuyo, pero no parece un pichabraba, sino un hombre que sólo caza piezas muy especiales y escogidas. Insisto, no es que sea virgen o mojigato, simplemente, no parece un pichabraba que le va tirando a todo lo que tiene alrededor, sino que sólo está interesado en ti. Y nada hace sentirse más especial a una damisela que un tipo que teniendo la sala llena de féminas, se dedica a lanzarte miradas incendiarias en exclusiva. Enaguas por los suelos.

C. Cuando ya tienes una opinión formada de él y piensas que es un chulo, casi huraño y antisocial, resulta que le descubres sin esperarlo un gesto lleno de ternura que se le escapa y que oculta casi de inmediato para que no descubras que en el fondo es un sentimental, no vaya a ser que te enamores. Ya no sé ni dónde tengo las enaguas.

D. Llegado el momento de atacar, Mr. Darcy no se corta un pelo. Sabe lo que quiere y te lo dice a la cara con pocas palabras pero las justas. “Te quiero y quiero que de ahora en adelante formes parte de mi”. Vale, vale, eso lo escribió Jane Austen hace un porrón de años, pero ya sabéis a lo que me refiero. Con educación y en privado, descubre tus cartas mirándola a los ojos. Eso es lo que haría un Hombre, ¡coño! Eso es lo que haría MI hombre, y si pretendes serlo, aunque sea por una noche, échale huevos, pordiosss.

E. Una vez las cosas claras, si tengo problemas, allí está Mr. Darcy para echarme una mano. No pide nada a cambio, no le cuenta a todo el mundo qué ha hecho y por qué. Mr. Darcy ni siquiera quiere que te enteres tú, no quiere recompensas ni medallitas, que seas feliz le basta. ¿Pagafantas? Si fuera feo y canijo y sus favores incluyeran pasarte kleenex porque te ha dejado otra vez el chuloputas de tu ex, sí lo sería, pero Mr. Darcy es un Hombre, y los Hombres no pasan pañuelos, le dan dos hostias a tu ex y punto pelota. Je t’adore Olivier!!

F. Mr. Darcy se enfrenta a todo para conseguir a su dama. A su herencia, a su tía, a los prejuicios…Pero lo hace porque va en serio. Cualquiera no vale para ser Mr. Darcy, y de eso nos damos cuenta las mujeres enseguida, de quien está haciendo teatro y ese va a la picota fijo.

Y por último, recomendaros encarecidamente que veáis la película lápiz en mano y papel en ristre para anotar cómo Darcy  mira a Elizabeth Bennet, cómo la toca, cómo la busca con todo su cuerpo cuando está lejos pero le deja espacio cuando ella lo necesita. Cómo le dice que la quiere (o que se la quiere tirar, para los más frívolos) y sobre todo, como camina hacia ella en la última escena mientras está amaneciendo.

Si sois capaces de caminar hacia una mujer de ese modo mientras la miráis como si no hubiera un mañana y la tía os dice que no….Es que es gilipollas, la pobre.