Hay personas que viven su vida sin tener hijos. Existen
seres humanos que voluntaria o involuntariamente llegan al final de su
existencia sin haber tenido descendencia…Y NO PASA NADA. No pasa nada por NO
tener hijos, por preferir estar solo, dedicarse en cuerpo y alma a uno mismo y
NO querer descendencia que perpetúe nuestra estirpe, apellido y genética
allende los siglos.
¿Por qué entonces el señor y la señora X, conocidos míos con
los que comparto de vez en cuando mesa y mantel en quedadas con amigos comunes,
han tenido dos? Una niña de 6 años morena y vivaracha y un bebé de casi un año
feo y llorón, el pobre. Y me dan pena los dos, los niños, no los padres, porque
a los padres se les nota mucho que sus hijos les estorban. La niña es un
demonio en potencia, pero me cae bien, todavía se podría salvar, sigue
acercándose a su madre en busca de aprobación, de besos, de confidencias, y
siempre es rechazada con un ¡tira de aquí! o ¿Y ahora qué coño quieres? Porque
su madre está muy ocupada con el cubata en una mano y el móvil en la otra
poniendo verde a alguna vecina. Ni una sola vez la he visto besarla, hacerle
cosquillas, decirle lo lista o lo bonita que es, lo mucho que la quiere. Supongo
que en casa se lo dirá, que tendrán sus momentos, pero al final, reflejamos en
público de un modo u otro lo que somos en privado, y en público no hace más que
quejarse de ella, y lo que es peor, lo hace delante de ella. A mi me da pena la
niña, pero la madre no. Es imbécil, no sabe lo que se está perdiendo, no sabe
que LA está perdiendo. A los 14 años todos odiamos a nuestros padres, pero
aquello que hicieron con nosotros cuando fuimos niños es lo que hace que pasada
la edad del pavo volvamos a ellos o los abandonemos para siempre. Y esta tía se
está ganando a pulso que su morenita vivaracha deje pronto de buscarla para
contarle la piedra tan bonita que ha encontrado y se lo cuente a cualquier otro
que se cruce en su camino, y luego la imbécil se quejará de las malas compañías
que frecuenta su hija y de que no le cuenta nada.
Yo no pensé nunca en tener hijos. No hasta que conocí a un
tipo que valía tanto la pena como para hacerme pasar por el coñazo del
embarazo, la tortura del parto y la esquizofrenia del postparto…2 veces. Si no
hubiera aparecido, creo que me habría centrado en mi carrera
profesional, habría viajado más y no habría cambiado un pañal jamás. Y
ahora resulta que estoy más enamorada de lo que he estado en mi vida, de un chaval de 6 años tan listo como sensible que huele a magia y a vainilla. Me
vuelve loca. No puedo estar sin él, me provoca una ternura increible
escucharle, ver como se mueve, saber las cosas que le gustan, las que odia a
muerte (las chicas y todo lo que tenga que ver con ellas, ya se lo recordaré a
los 14, je,je) cocinarle su plato favorito que nadie hace más bueno que yo en
el mundo, ¡yo que soy una cocinera lamentable! Ayudarle a pintar ese Pokemon
que está intentando dibujar y no le sale, cepillarnos los dientes a la vez
escupiendo al unísono, jugar a cualquier cosa y dejarme ganar sólo por ver su
cara de felicidad, y guardar como un tesoro todas las cartas que ha escrito a
los Reyes Magos desde que aprendió a escribir a los 3 años. El tiempo vuela, y
pronto ya no vendrá a mi cama cuando tenga miedo por las noches, pero a ambos
nos quedarán los recuerdos para toda la vida de la cantidad inmensa de horas
que hemos pasado juntos pintando, jugando, haciéndonos confidencias y
cosquillas, dándonos besos. Y sé que volverá a mi cuando se le pase la tontería.
Estoy segura. Me lo estoy currando a tope para no perderlo nunca. Eso no quita que a veces necesite estar sola, que a veces me ponga de los nervios, que estoy agotada todo el tiempo, pero no me estorba su existencia NUNCA.
Por eso me da pena esa niña morena que mira descolocada a la
imbécil de su madre y se va con su bonita piedra a otra parte sin un beso ni un
¡vaya, sí que es bonita, y tú muy lista por encontrarla! A veces se lo he dicho
yo, pero debería ser su madre la que se lo dijera, porque a ella es a la que
quiere más que a nada en el mundo, no sé por cuanto tiempo más.












