8.12.13

Qué suerte hemos tenido



Nosotras, las mujeres, en concreto. De nacer en el S.XX, a finales y en Europa.

No sabes la que te espera, Tess. Por guapa.
Me gusta mucho la literatura inglesa desde mediado el S.XVIII hasta la primera guerra mundial. Desde Jane Austen hasta Oscar Wilde, pasando por las hermanas Brönte o Thomas Hardy. Ya he hablado alguna vez de la fascinación que me provoca, quizás por su marcada diferencia con el modo actual de relacionarse socialmente a la hora del asunto sexual, la época victoriana. En estos tiempos del “hola, ¿follamos?” mi lado sensible disfruta como un gorrino en una charca con esos despliegues de gestos y miradas, de frases con doble sentido y veladas insinuaciones, total para conseguir lo mismo….pero sin arruinar tu reputación.
Ahí es donde voy, antes de que los escasos maromos que merodean por estas líneas huyan despavoridos ante tanto corsé y fruncido. Leí hace poco una novela de Hardy, “Tess de los Urberville. Una mujer pura fielmente presentada” Toma ya con el título, y flipé.

Hago un pequeño resumen aunque tenga spoilers, espero que no os importe.
Tess es una jovencita de pueblo, hija de un borracho con pretensiones. Su única baza para conseguir un buen marido es su belleza e inocencia, y con ello, sus padres aspiran a casarla con un caballero. Descubren un parentesco lejano con una familia noble, y allí que envían a Tess a ver si saca algo, con su belleza y su total desinformación sobre la vida y los hombres. Y sí saca. El señorito de la casa se obsesiona con ella y la viola. Por supuesto la deja embarazada, aunque pierde al bebé a los pocos meses de nacer. Ella queda estigmatizada de por vida, porque ha perdido su honra, y la sociedad concluye que su belleza es fruto del diablo, porque ha hecho que le pase lo que le ha pasado.
Años después conoce a un buen tipo, que también se enamora de ella y se quiere casar. Ella insiste en contarle su pasado, pero él está seguro de su amor y no quiere saber nada. De modo que se casan y en la confianza de la noche de bodas, ella, que no quiere tener secretos para su marido, se sincera…Y el “enamoradísimo” la repudia inmediatamente porque no ha sido el primero en tocarla.
De ahí al final de libro todo es un dramón. Baste decir que ella mata a su violador y entonces la ahorcan por matar a un probo ciudadano. Al menos su marido se arrepiente de haberla tratado así, aunque ya sea demasiado tarde.

Hardy se define entre otras cosas por el realismo de sus novelas, y por entrar de una manera muy fiel dentro del alma femenina de la época. Tiene otra novela que también me gustó mucho, Lejos del mundanal ruido, en la que la protagonista también en una chica valiente luchando contra los elementos, aunque esta acaba bien. ¡Vaya época! ¿Os imagináis haber nacido entonces? ¡¡No éramos nada!! Absolutamente nada. Y hasta lo que aún hoy es considerado una ventaja para nosotras, que es una carcasa agradable y apetitosa, se podía volver en tu contra si se fijaba en ti el hijoputa equivocado.

Imagina que lo único que tienes para hacerte valer en la vida es tu virginidad y tu cara bonita. Con eso tienes que conseguir un futuro para ti y para tus hijos, porque esa es otra, has de tenerlos, como no puedas (lo de que no quieras es inconcebible) estás acabada. Si eres fea, has de decirle que sí al primero que te lo pida, quien sabe si habrá otro. Si eres bonita igual puedes pescar a un marido más rico, aunque sea más viejo o más mala persona, o las dos cosas juntas. Y sin rechistar hasta que te mueras. El puede hacer su vida, pero como tú pongas tus lindos ojos en otros bigotes menos amarillentos, estás desahuciada. Tú y tus hijas. Tus hijos varones aún podrán hacer carrera en el ejército y congraciarse de nuevo con la familia paterna, pero olvídate de casar bien a tus hijas, que la sociedad no olvida que una noche un apuesto oficial rebuscó bajo tus prohibidas enaguas en un baile de máscaras.

Qué suerte hemos tenido, ya que íbamos a nacer mujeres, de hacerlo a finales del S.XX, en Europa en concreto (porque si llegamos a nacer en Oriente Medio o Africa, qué más nos da el siglo) Qué suerte la nuestra de poder contar además de con nuestra cara bonita, con nuestro cerebro, con nuestros brazos y con nuestro libre albedrío a la hora de abrirnos de piernas.

Aún así, cuando yo era adolescente, en mi pueblo, de mi edad, éramos dos pandillas de chicas. Los chicos con los que íbamos normalmente nos habían puesto un apodo a cada grupo. Las Putas y Las Monjas. Las primeras eran las que se enrollaban con ellos, y las segundas, es decir, mis amigas y yo, las que éramos vírgenes, castas y puras y no se nos conocía novio ni rollete. Ellos decían que salían con las Putas pero que se casarían con Las Monjas. Y Las Monjas callábamos, sonreíamos mientras nos sonrojábamos discretamente en el salón parroquial y los fines de semana escapábamos a la ciudad a hacer con nuestros cuerpos lo que nos diera la gana. Los pobres muchachos de nuestro pueblo no sólo se equivocaban en eso, tampoco acertaron con lo de cazarnos para ser las madres de sus hijos cuando se cansaran de picar y volar. Acabamos todas con hombres seguros de sí mismos a los que nuestro pasado y reputación les importaba verdaderamente un pito. Tanto como a nosotras la suya.

2.12.13

Crespón negro por Paul Walker, señoras.

Vaya putada. No es que mereciera menos lo que le ha pasado que cualquier otro tío del mundo, pero cuando encima era una visión, aún jode más la cosa. Para lo chungo que está el panorama, al menos los hombres como él nos hacían sonreir y fantasear como bobas cada vez que aparecía ante nuestras retinas.
Ayer murió Paul Walker. Guapo entre los guapos, mirada acero azul, sonrisa angelical y abdominales que pedían a gritos sirope de chocolate. Qué putada. 40 años. Accidente de coche. Eso en la saga Fast & Furious no le había pasado nunca...Mis sueños más salvajes lo van a echar de menos. Espero que le de recuerdos de mi parte en el Olimpo al que van los Apolos como él a Andy Whitfield.




Nenas, crespón negro porque se nos ha ido uno de los más poderosos.


18.11.13

Milagros de la tecnología



El post de hoy es directamente una batallita de Abuelo Cebolleta. Luego os diré a qué viene.

Lo que voy a contar ocurrió hace entre 8 y 10 años, en la oficina donde trabajaba. Implicados:
-         María, la Víctima.
-         Jorge, el Seductor.
-         Pablo, el Amigo enrollado.
-         Lorena, la Confidente.
-         Una servidora, la que pagó el pato.

Todos trabajábamos juntos, en diferentes departamentos de la misma empresa. María, Lorena y yo éramos bastante amigas. Lo suficiente como para contarnos nuestras vidas y vernos fuera del trabajo. Las tres solteras y sin niños. Jorge y Pablo también eran amigos entre ellos. Los dos casados y con niños. En una cena de empresa de esas de “Lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas”, tras meses de tonteo salvaje, María y Jorge se enrollaron. Fue bastante descarado, aunque no a la vista de todos. El asunto se repitió a lo largo de meses en varias cenitas festivaleras que por aquella época, dado que todos cobrábamos nóminas regularmente y la mayoría no teníamos ni hipoteca ni niños que nos las vampirizaran, hacíamos casi cada mes.

María me lo contó todo, hasta su preocupación por si se colgaba de Jorge, que estaba casado y del que ella se temía no ser más que un divertimento. Yo no dije nada ni a Lorena.

María y Jorge siguieron durante meses con sus aquí te pillo aquí te mato en medio de un subidón hormonal inmenso por parte de ella y un morbo creciente por parte de él. Yo fui mientras tanto, la escuchatriz de ella.

Un día que aún recuerdo perfectamente, iba de vuelta a casa tras un viaje de negocios con Pablo, el amigo enrollado, superabierto y majete de Jorge. En avión, cruzando el Atlántico para más señas, mira si me acuerdo. Sentaditos uno al lado del otro. La nena en ventanilla. Y el enrollado de Pablo me sacó el tema del affaire entre risitas y confidencias al más puro estilo Sálvame de Luxe. Yo empecé a alucinar (y a mosquearme, dicho sea de paso), porque estaba claro que para ellos era un juego morboso sin compromiso en el que no se daban cuenta de lo mucho que tenían que perder si el tema trascendía ni de cómo estaba quedando la mujer de Jorge mientras tanto. No solté prenda sobre cómo se sentía María al respecto, pero quedó tan claro que yo estaba al corriente como que Pablo también lo estaba por boca de Jorge.

Semanas después de esa conversación, María dejó de hablarme. Así, sin más. Sin una sola explicación. No trabajábamos juntas, pero hablábamos a diario y en cuestión de horas, se cerró en banda como una ostra. Yo lo achaqué primero a que era una tía un poco rara y necesitaba su espacio, después, a que dio la casualidad de que iban a despedirla y ella lo sabía, y pensé que estaba preparándose para dejarnos o algo así. Y luego me cansé de esperar y me fui a hablar con ella, porque tenía otro viaje y cuando volviera ella ya no estaría en la oficina. Se negó ni a mirarme a la cara, me despidió de su despacho con un “tú sabrás lo que me has hecho” y ya no la volví a ver.

Cuando volví del viaje, Lorena, que siempre ha tenido buen ojo para las relaciones y reacciones humanas, tenía preparada una sorpresa para mí. Al ver cómo me había tratado María, aprovechó la intimidad que les brindaba mi ausencia para averiguar sus motivos, y lo que me contó fue lo siguiente:

Resulta que el Gran Pablo, el amigo enrollado y complaciente, de pronto empezó a hacerle a María bromitas de dudoso gusto y doble sentido sobre su relación con Jorge. María, que bastante tenía con sentirse “la otra”, montó en cólera y exigió saber de dónde había sacado tan delicada información, y el Gran Pablo dijo que YO se lo había contado en aquel viaje de avión, no su amigo del alma. Para contrastar los hechos, María preguntó a Jorge si se había ido de la lengua y Jorge juró y perjuró por su honradez y la salud de sus hijos que no se lo había dicho a nadie. Con lo cual, María obtuvo la certeza de que había sido yo la que iba por ahí contando cómo y con quien se metía en la cama en sus ratos libres. Y automáticamente me tachó de su lista de seres vivos.

Lo curioso es que una chica tan investigadora como ella podría haber hecho lo mismo conmigo, encarárseme y pedir explicaciones. Entonces yo habría cogido de la orejita a todos los implicados, los habría metido en un despacho y les habría obligado a decir la verdad o a mentir como bellacos pero mirándome a la cara. Pero cuando me enteré de la movida, María ya no estaba en la empresa, y creí estéril meterme en fregados con el par de Listos de bragueta floja, entre otras cosas porque ambos tenían más cargo que yo y con estos sí tenía relación directa de trabajo.

Lo que ocurrió fue que perdí el respeto y la confianza profesional y sobre todo personal que les tenía a ambos. Seguí trabajando con ellos durante años, pero ya no volvimos a compartir cervezas. El tiempo y la crisis acabó por separarnos a todos y perdí definitivamente el contacto. Hacía mucho que no pensaba en ellos.

¿Y a qué viene esto? Pues a que hace un par de semanas me abrí una cuenta en Linkedin por temas de trabajo (más bien por la falta de él) y en un par de días, por obra y gracia de la red, ahí los tenía A TODOS otra vez, con sus mejores galas profesionales a la vista, sugiriendo ser conectados. ME CAGO EN LA MADRE QUE PARIÓ A INTERNET.

P.D. Por supuesto, los nombres son inventados, sólo faltaría eso, con lo jodía que es la Red para rastrear…

1.11.13

Esa niña me da pena



Hay personas que viven su vida sin tener hijos. Existen seres humanos que voluntaria o involuntariamente llegan al final de su existencia sin haber tenido descendencia…Y NO PASA NADA. No pasa nada por NO tener hijos, por preferir estar solo, dedicarse en cuerpo y alma a uno mismo y NO querer descendencia que perpetúe nuestra estirpe, apellido y genética allende los siglos.

¿Por qué entonces el señor y la señora X, conocidos míos con los que comparto de vez en cuando mesa y mantel en quedadas con amigos comunes, han tenido dos? Una niña de 6 años morena y vivaracha y un bebé de casi un año feo y llorón, el pobre. Y me dan pena los dos, los niños, no los padres, porque a los padres se les nota mucho que sus hijos les estorban. La niña es un demonio en potencia, pero me cae bien, todavía se podría salvar, sigue acercándose a su madre en busca de aprobación, de besos, de confidencias, y siempre es rechazada con un ¡tira de aquí! o ¿Y ahora qué coño quieres? Porque su madre está muy ocupada con el cubata en una mano y el móvil en la otra poniendo verde a alguna vecina. Ni una sola vez la he visto besarla, hacerle cosquillas, decirle lo lista o lo bonita que es, lo mucho que la quiere. Supongo que en casa se lo dirá, que tendrán sus momentos, pero al final, reflejamos en público de un modo u otro lo que somos en privado, y en público no hace más que quejarse de ella, y lo que es peor, lo hace delante de ella. A mi me da pena la niña, pero la madre no. Es imbécil, no sabe lo que se está perdiendo, no sabe que LA está perdiendo. A los 14 años todos odiamos a nuestros padres, pero aquello que hicieron con nosotros cuando fuimos niños es lo que hace que pasada la edad del pavo volvamos a ellos o los abandonemos para siempre. Y esta tía se está ganando a pulso que su morenita vivaracha deje pronto de buscarla para contarle la piedra tan bonita que ha encontrado y se lo cuente a cualquier otro que se cruce en su camino, y luego la imbécil se quejará de las malas compañías que frecuenta su hija y de que no le cuenta nada.

Yo no pensé nunca en tener hijos. No hasta que conocí a un tipo que valía tanto la pena como para hacerme pasar por el coñazo del embarazo, la tortura del parto y la esquizofrenia del postparto…2 veces. Si no hubiera aparecido, creo que me habría centrado en mi carrera profesional, habría viajado más y no habría cambiado un pañal jamás. Y ahora resulta que estoy más enamorada de lo que he estado en mi vida, de un chaval de 6 años tan listo como sensible que huele a magia y a vainilla. Me vuelve loca. No puedo estar sin él, me provoca una ternura increible escucharle, ver como se mueve, saber las cosas que le gustan, las que odia a muerte (las chicas y todo lo que tenga que ver con ellas, ya se lo recordaré a los 14, je,je) cocinarle su plato favorito que nadie hace más bueno que yo en el mundo, ¡yo que soy una cocinera lamentable! Ayudarle a pintar ese Pokemon que está intentando dibujar y no le sale, cepillarnos los dientes a la vez escupiendo al unísono, jugar a cualquier cosa y dejarme ganar sólo por ver su cara de felicidad, y guardar como un tesoro todas las cartas que ha escrito a los Reyes Magos desde que aprendió a escribir a los 3 años. El tiempo vuela, y pronto ya no vendrá a mi cama cuando tenga miedo por las noches, pero a ambos nos quedarán los recuerdos para toda la vida de la cantidad inmensa de horas que hemos pasado juntos pintando, jugando, haciéndonos confidencias y cosquillas, dándonos besos. Y sé que volverá a mi cuando se le pase la tontería. Estoy segura. Me lo estoy currando a tope para no perderlo nunca. Eso no quita que a veces necesite estar sola, que a veces me ponga de los nervios, que estoy agotada todo el tiempo, pero no me estorba su existencia NUNCA.

Por eso me da pena esa niña morena que mira descolocada a la imbécil de su madre y se va con su bonita piedra a otra parte sin un beso ni un ¡vaya, sí que es bonita, y tú muy lista por encontrarla! A veces se lo he dicho yo, pero debería ser su madre la que se lo dijera, porque a ella es a la que quiere más que a nada en el mundo, no sé por cuanto tiempo más.

11.10.13

Por qué lo llaman hipster cuando quieren decir feo


Paso de afeitarme...y de follar.

Mirad atentamente al chico de la foto, please. Es un tío guapo. Ojazos a pesar de todo lo que los rodea. Yo lo miraría si me lo cruzara por la calle...Afeitado o con barba de tres días. Si me lo cruzara así, igual le daba un euro y le indicaba por donde queda el centro de médicos del mundo más cercano, pero desde luego no se me iba a escapar un requiebro lujurioso.

Quedada de chicas, bueno, vale, de mujeres, para qué nos vamos a engañar. Ibamos 11 y después de que nos echaran de la tapería donde cenamos, buscamos un local de copas que tuviera la suficiente luz y el volumen justo de la música como para poder continuar hablando entre gritos y carcajadas de nuestra relación de amor-odio con el sexo masculino.
Fachada moderna, limpia y blanca, una exposición de ilustraciones no demasiado mala en las paredes, la carta escrita con tiza por las paredes y música de la que NO suena en los 40 principales por los altavoces. Aquí nos quedamos. Entramos ensimismadas y nos acercamos en plan enjambre a la barra, y desde el otro lado del tirador de cerveza, un par de sujetos, bueno, un sujeto y una sujeta, nos dicen qué queremos. ¡Que te peines, niña, eso para empezar!
El tío era un tirillas, yo tengo más espalda que ese alfeñique de pelo grasiento y sombrerito más pequeño aún que sus inexistentes bíceps. Gafas de pasta, de esas que llevaba el empollón de mi instituto, al que corrían a collejas tanto los rockers como los heavys, y una barba que habría hecho las delicias de los que cantaban “España camisa blanca de mi esperanza”. Fular y camiseta nosecomo porque ya no pude seguir mirando, se me taponaron las córneas.

La tía con una melenita naranja justo por debajo de la oreja, pálida como un muerto, labios rojos y gafas de pasta rojas, color que como todo el mundo sabe combina de puta madre con un pelo naranja. Vestidito de flores sin mangas robado del armario de Lena Durham y collarcitos varios.
Yo me encontraba en ese momento en plena conversación sobre las ventajas de tirarte a un director de cine si eres una mala aspirante a actriz, con una arquitecta y una directora de documentales. (Lo digo para que no quede como que éramos tres catetas que no han salido de su pueblo ni para ir a la romería del de al lado). Pues eso, que a pesar de haber visto cosas que vosotros no creeríais, nos quedamos las tres de pasta de boniato. 

Son Hipsters, díjome una cuando el colega apartó su barba de mi cerveza. Son Modernos, dijo la otra condescendiente. Lo que son es feos de cojones, los dos, por eso necesitan ponerse de todo por encima para conseguir que los miren. En fin, me estaré haciendo vieja, pero eso de la Modernor no me va en absoluto. 

Entonces eché un vistazo en derredor y me di cuenta de que lo de los barbudos y las modernas era epidemia. Habíamos recalado en un garito Hipster. Todos los tíos sin chicha ni limoná y alérgicos al peluquero. Todos miopes, (bueno, eso supongo, por la abundancia de gafas coloridas) con ropa de los 70 y actitud de intelectual de la transición. Y las barbas…¿Porqué?? ¿Qué necesidad hay? Y mira que a mi me encanta una barba de tres días recreándose en la mandíbula cuadrada de un tío de mirada patibularia, pero eso no eran barbas, ¡era dejadez pilosa!, y por ahí si que no paso. El único náufrago que me gusta es Robinson Crusoe.

Cuando por fin parece que la moda de llevar los calzoncillos por fuera de los vaqueros está pasada, ahora les da a los tíos por dejar de afeitarse en masa. Yo no podía dejar de mirar al tirillas poniendo cañas y tapas, rascándose la barbilla y volviendo a la tarea. Cuando la moda de llevar el tanga fosforito a la vista ya parecía superada, va y les da a todas por ponerse feas. No sé decirlo de otra manera. Van vestidas como de abuela putilla. No lo entiendo. Las zapatillitas planas de cordones, los vestiditos de estampados imposibles, los bolsos de plasticazo y todos los cacharritos que te puedas colgar encima.

No es que sea una experta, pero sí se qué prendas favorecen a prácticamente cualquier clase de constitución física, pero sobre todo, sé que prendas me favorecen a mi. ¿No se dan cuenta cuando se miran al espejo antes de salir de que van hechos unos espantajos? Me choca mucho ese afán por afearse que al parecer está de moda. 

Definitivamente, yo no soy Moderna.

22.9.13

No es obligatorio, señoras.



Señora anteriormente conocida como Elsa Pataky

Tengo una conocida que es pianista profesional. Catedrática, miembro de orquesta de cámara y toda la pesca. Una tía un par de años mayor que yo, 1’65, delgada, rubia con el pelo rizado, ojos verdes y sonrisa simpática. Muy culta y estilosa. No es una jaca despampanante, es mucho mejor, una mujer muy guapa y una artista.
Recuerdo una vez que me la crucé por la calle y llevaba una boina de lana ladeada con los rizos rubios flotando alrededor de su cara hasta la altura del pecho, unas gafas Ray-Ban de aviador, chaleco largo de pelo sobre una camisa, vaqueros pitillo y botas altas por fuera del pantalón. Tenía un look de artista bohemia con un punto sexy que me encantó. Estaba muy guapa. Sin apenas maquillar y sin joyas, sólo con su encanto personal y esa preciosa melena moviéndose a su alrededor.
Llevaba unos meses sin verla y hace unos días volvimos a coincidir y casi me da un pasmo. ¿Qué le ha pasado a tu peloooo!!!??? Lo llevaba más corto que su marido. Los rizos se le arremolinaban alrededor del cráneo como si fuera un caniche, o lo que es peor, como si fuera una señora de 60 años, de pueblo.
Ay, chica, me decía ella, estaba harta de cuidármelo, así es mucho más cómodo…Y yo intentando vocalizar para decirle algo…¿Qué-qué tal el verano? Conseguí mascullar. Lo siento, no puedo decir que algo me gusta cuando estoy horrorizada, aunque tampoco soy de las que dicen las verdades a la cara en plan: Tía, te acabas de echar 15 años encima y has perdido de golpe todo el aura de glamour y bohemia que tenías. Antes eras pianista, ahora eres una señora como todas las demás. Ahora mismo mando a mis padrinos a tu peluquera porque esto no puede quedar así.

Supongo que su encanto personal seguirá intacto, que seguirá siendo igual de profesional que antes, que su cerebro no habrá perdido ni un ápice de capacidad tras la ejecución sumaria de sus bucles dorados, pero a mi se me cayó un mito. Otra tía que después de tener dos hijos y rondar la temida cuarentena se corta el pelo a lo chico porque es más cómodo y se la repanpimfla a estas alturas estar guapa. ¿Porqué el 80% de las madres de la clase de mi hijo llevan el pelo que no les llega a los hombros? ¿Porqué casi ninguna se maquilla, ni se pone tacones ni hace deporte? ¿Es obligatorio convertirte en una “señora de mediana edad” a partir de los 35? Miedito me da cada vez que me encuentro a una ex compañera de instituto, diría que parecen mi madre, pero mi madre es más elegante y moderna.

El viernes quedé para almorzar con una buena amiga también de mi edad que es diseñadora. Una de esas quedadas refrescantes y deliciosas que le hacen el mismo bien a tu alma que un mes de gimnasio a tu cuerpo. Aparecimos las dos en esa soleada mañana con shorts vaqueros. Ella los acompañaba con una camisa a cuadros de Mango que le quedaba de coña y yo con un jersey amplio y ligero con una calavera (fina y elegante, en mi línea) Ella con sandalias de cuña y yo con botines biker con hebillas. Ambas con melena al viento y gafas de sol. No es porque no tenga abuela, pero si hubiéramos pasado por delante de un cuartel de bomberos habría sonado la sirena. Pues por casualidad en la misma cafetería en que recalamos, estaba una ex compañera mía de trabajo con una amiga inmersas en los mismos menesteres en los que íbamos a enfrascarnos nosotras. Lo mismo: las dos de nuestra quinta, las dos con estilos parecidos (Dios los cría y ellos se juntan) y las dos con unas pintas de maruja rancia que tiraban de espaldas. Pelo corto, cara lavada, lunares grandes, lazos, prendas de la sección de señora del C&A, un par de cromos. Yo recordaba a esta chica de la oficina, con sus vestidos entallados, sus tacones y su melena rubia recogida en un moño, muy ejecutiva profesional…¿Pero qué le ha pasado???!! Ah, sí, que va a cumplir 40 y tiene 2 niños. Ala, a tomar pol culo la autoestima y el me gusta lo que veo en el espejo. Engordemos sin control, cortémonos el pelo, tiremos a la basura tacones y rimel y a partir de ahora nos aconsejará sobre ropa la tía Manoli la del pueblo.
Pues recuerdo también que hace años su marido estaba bueno, ¿le habrá pasado lo mismo y ahora será un señor calvo con barriga, pantalones con pinzas y camisa de cuadritos manga corta de Dustin?o estará igual de bueno pensando: Esta señora se ha comido a la chica de la que me enamoré.

Yo sigo en mis trece. Me niego a volverme comodona y rancia por el hecho de cumplir años. No pienso prescindir de mi melena, aún me cabe la ropa de Inditex y nado un par de veces a la semana en el carril de los jacos tatuados, en lugar de en el de las señoras con gorrito de flores. Hay que cuidarse, sin obsesiones y respetando lo que la genética te ha dado, pero cuidarse. Me gusta gustarme a mi misma y al jaco poderoso que me aguanta. Mis máximas para estar bien son: Hacer deporte regularmente, comer sano, follar todo lo posible y ser optimista. Y que le den morcilla al calendario!!

Por cierto, me están empezando a salir patas de gallo, pero son de sonreir ;)

9.9.13

Cincuenta sombras y un día


Charlie Hunnan será Grey. ¿También en 3D?

Resulta que las compañeras de trabajo de mi madre, que además de ser todas como 30 años menores que ella son unas cachondas, le han regalado por su cumpleaños la famosa trilogía de las 50 sombras de Grey.

Mi madre entre risas me enseñó los libros, diciéndome que ahora se los tenía que leer para no quedar mal con ellas, pero que como yo soy muy lectora “y eso”, que si me los leía yo primero y le contaba si sí o si no. Faltaría más, madre! Me lo leo y te hago un comentario de texto, sin problemas. Así que cogí el primero y me lo llevé. Y 380 páginas después se lo devolví sin acabar. Mamá, si quieres, órale carnal, pero no vale la pena. Es a la literatura lo que Hombres mujeres y viceversa a la televisión, lo que Sonia y Selena a la música, lo que Dos colgados muy fumados al cine. Una castaña pilonga.

Aguanté 380 páginas porque quería leer al menos uno de los episodos sado que han hecho famoso al libro y millonaria a su autora, y ahí me quedé. Me pareció de un cutre, de un humillante y de un casposo tal, que en lugar de ponerme a cien me puse a 200 pero de cabreo. Si esto lo llega a escribir un hombre, en lugar de hacerle una película, le hacen un Via Crucis por misógino, cerdo y maltratador. Sale en el telediario de la Sexta fijo.

Ante este tocho supuestamente cerdete se me plantean dos lecturas distintas. La primera desde el punto de vista de su calidad como novela. Me atrevo a opinar al respecto porque soy lectora voraz desde los 4 años y aunque disfruté como una gorrina quinceañera con la saga Crepúsculo, sé que no merece ni estar apilada en la misma estantería junto a cualquier cosa que escribiera Oscar Wilde, aunque fuera su lista de la compra. Pues eso. Se lee muy rápido, mucho diálogo, ni una palabra de más de 5 sílabas, contado en primera persona y ambientado en el presente, todo muy fácil de digerir. Lleno de marcas (no entiendo porqué no puede decir que se comió una chocolatina, sin más, tiene que decir la marca de todo) y lleno de frasecitas recurrentes e ingeniosas. Como lea otra vez lo que hace “la diosa que llevo dentro” la obligo a leerse La Montaña Mágica de un tirón y en arameo.

La segunda lectura, desde el punto de vista del sexo como cebo para vender ejemplares como churros y enganchar a los (o en este caso mayoritariamente las) lectores. Bueno, qué queréis que os diga. El lenguaje sexual es explícito pero no atosigante y por mucho bondage que predique, no hay nada bizarro. Escandaloso para las que gustan de culebrones, aburrido para las liberadas modernas y para mi, ni fu ni fa. El tío está buenísimo pero es un rarito de cojones y la tía es gilipollas. Es guapa, está buena, tiene 21 años y acaba de graduarse en la universidad…y es virgen. Lo dicho, gilipollas. Lo único que le envidio es que una vez el rarito la pone en marcha, tiene orgasmos como otras tenemos dolor de espalda. Continuamente. A puñados. 4 veces al día. Lahijaputa. El colega le dice: ¡venga, ahora! Y ella, obediente como un corderito, lo da todo. Qué máquina el taradito de Grey, lástima que le haga firmar un contrato obligándola legalmente a que no puede hablar con nadie de lo que le hace, porque a mi me faltaba tiempo para llamar a mis amigas en plan ¡¡Nena, nena, nena!! Me estoy zumbando a un Jabato que lo flipas!!!
Sí que es verdad que lo ha escrito una tía, lo cuenta una tía, y cuenta lo que le pasa a ella, lo que siente ella, en primera persona, con lo que es muy fácil que te identifiques con sus sensaciones, bueno, menos cuando la está zurrando o la llama nena, que a mi eso me saca de la novela y de quicio, no lo puedo evitar.

Un buen amigo que me conoce desde hace un porrón de años, se burlaba de mí cuando se lo conté. Decía que basta que todas digan A para que yo opte por B, por eso no me ha gustado la novelita de marras cuando la mitad del universo femenino la ha leído y sus parejas lo han celebrado con champagne. Que a mi lo que me pone es ir contra corriente. Y puede que en el fondo tenga razón, porque he de reconocer que el único pasaje de la novela que me aceleró el pulso de verdad fue cuando el “pobre” Cristian Grey, en un arrebato de sinceridad, le confiesa a la ya no tan virgen pero igual de gilipollas de Anastasia que él es así porque de jovencito, una amiga de su madre lo inició al sexo de una forma directa y sin rodeos, enseñándole durante años todo lo que sabía sobre cómo dar placer a las mujeres. Por un momento me imaginé cogiendo por banda a El Pantera y obligándole a aprender despacito y sin prisas cómo se debe tratar a una dama cuando la luz escasea y la ropa se cae…Ufff, a ver si va a resultar que lo mío es estar al otro lado de la fusta…