No quería ser menos que el resto del mundo que se dedica estos días a hacer listas, rankings y resúmenes de lo que les ha deparado el año que se acaba pasado mañana, pero tampoco quiero aburriros, así que ahí van tres (sólo tres, pero qué tres) de los Mustangmomentos que más huella han dejado en mi espíritu sensible a lo largo de estos 12 meses. Lo sé, lo sé, soy una cultureta que no piensa más que en poesía y cine de autor, pero ¡qué se le va a hacer!
Que los disfruten, queridas, Hasta el año que viene!
22.12.13
La nueva
Ya estamos en navidades, y este que acaba ha sido uno de los
años más extraños de mi vida profesional. Me ha pasado de todo, y lo único
bueno, hace un par de semanas. Es muy raro las vueltas que da la
He estado durante 14 años trabajando en la misma empresa. He
crecido personal y profesionalmente en ella, enamorada de mi trabajo hasta las
trancas. He visto pasar a cientos de personas por sus instalaciones, he visto
mundo gracias a ella e incluso he visto más de lo que me gustaría o debería
haber visto, a veces. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la
puerta de Tannhaüser, je,je,je (lo siento, no puedo estar seria mucho rato) La
puta crisis empezó a afectarnos a finales de 2007, cuando aún ni se la nombraba
y poco a poco fui perdiendo proyectos, compañeros muy queridos (otros no tanto)
cajas de navidad, cenas de empresa, pagas extra, y al final nóminas.
Aún así, los pocos que íbamos quedando, seguíamos creyendo
ciegamente en que saldríamos adelante, en que juntos, aguantando hombro con
hombro con el cinturón tan apretado que sólo podías comprar marcas blancas,
remontaríamos el barco. Convencidos de que como en las películas viejas, los
buenos acaban ganando. Hasta que en Mayo, el barco se hundió. Empresas han
cerrado cientos durante estos años, pero como la mía, ninguna. Yo estuve allí
hasta el último día, la última de mi departamento. El que había sido mi
superior y amigo durante todo este tiempo y yo, abrazados diciéndonos: ha sido
un placer y un privilegio crecer a tu lado. Y cada uno a su casa.
Me quedé tan tocada que decidí cambiar de sector. Empezar de
cero. Darle un giro a mi vida. Y me puse en marcha.
Y no me han dejado. A los 2 meses de estar en paro me
llamaron de otra empresa de mi sector para trabajar a distancia, en plan
“cuando tenga curro te lo paso y cuando tenga dinero te lo pago” Indecente
propuesta, pero mientras encuentro algo mejor, a ello vamos. Y mientras sigo en
marcha encaminando mis pasos hacia otro sector.
Y no me han dejado. A primeros de este mes recibí una
llamada de la empresa a la que siempre habíamos considerado nuestra más fiera
competencia ofreciéndome directamente un puesto. Jornada completa, buen sueldo,
contrato indefinido, en una empresa estable y con mucho trabajo. Te necesitamos
a ti, llevamos meses intentando localizarte para ficharte, queremos que te
vengas como creativo (no diré más) con nosotros mañana ya si puedes. Son más
grandes de lo que nosotros fuimos nunca y hay gente de primer nivel trabajando
en sus filas.
Así que después de
llevar 4 meses empleando más horas en conseguir que me pagaran que en trabajar,
tras 5 años de incertidumbre y cuesta abajo laboral, vuelvo a ser la nueva del
departamento, en una empresa en la que jamás creí que trabajaría.
Resulta que mi sector es muy pequeño y específico, y al
parecer soy muy buena en mi trabajo, y mi nombre sale en reuniones y al
enterarse de que estaba libre había habido revuelo. Resulta que estoy en una
edad estupenda, soy lo suficientemente mayor como para saber lo que me hago y puedo
empezar a producir desde el primer día, pero lo suficientemente joven como
para que no me de miedo aprender y evolucionar. ¡¡Resulta que los cambios no
siempre son malos!!, y tras 5 años de inacabable lucha y tristeza profesional
ahora vuelvo a tener un montón de trabajo encima de mi mesa, una caja de
navidad en la despensa, una paga extra en el banco y un futuro por delante. ¡Y
yo creyendo que se acababa el mundo en mayo! ¡Queriendo renunciar a lo que sé
hacer cojonudamente bien porque ya no podría hacerlo allí! ¡Y resulta que mi
nombre salía en reuniones! ¡Si lo llego a saber pido más pasta! Ja,ja,ja.
Ahora soy la nueva en la oficina, y me gusta. Tengo el
contador a cero, nadie me conoce, ni yo sé nada de nadie, pero me miran y me
tratan como si les hubieran hablado bien de mi trabajo, y eso mola. Sigo
echando mucho de menos mi antigua oficina y a algunos de los compañeros que
tuve, pero estoy emocionada al intuir la cantidad de cosas que puedo aprender y
enseñar aquí. ¿Bien está lo que bien acaba?
Menudo año más extraño…Resulta que estoy cotizada, tú, y yo
sin saberlo…
8.12.13
Qué suerte hemos tenido
Nosotras, las mujeres, en concreto. De nacer en el S.XX, a
finales y en Europa.
![]() |
| No sabes la que te espera, Tess. Por guapa. |
Me gusta mucho la literatura inglesa desde mediado el
S.XVIII hasta la primera guerra mundial. Desde Jane Austen hasta Oscar Wilde,
pasando por las hermanas Brönte o Thomas Hardy. Ya he hablado alguna vez de la
fascinación que me provoca, quizás por su marcada diferencia con el modo actual
de relacionarse socialmente a la hora del asunto sexual, la época victoriana. En estos tiempos del
“hola, ¿follamos?” mi lado sensible disfruta como un gorrino en una charca con
esos despliegues de gestos y miradas, de frases con doble sentido y veladas
insinuaciones, total para conseguir lo mismo….pero sin arruinar tu reputación.
Ahí es donde voy, antes de que los escasos maromos que
merodean por estas líneas huyan despavoridos ante tanto corsé y fruncido. Leí
hace poco una novela de Hardy, “Tess de los Urberville. Una mujer pura
fielmente presentada” Toma ya con el título, y flipé.
Hago un pequeño resumen aunque tenga spoilers, espero que no
os importe.
Tess es una jovencita de pueblo, hija de un borracho con
pretensiones. Su única baza para conseguir un buen marido es su belleza e inocencia, y con ello, sus padres
aspiran a casarla con un caballero. Descubren un parentesco lejano con una familia noble, y
allí que envían a Tess a ver si saca algo, con su belleza y su total
desinformación sobre la vida y los hombres. Y sí saca. El señorito de la casa
se obsesiona con ella y la viola. Por supuesto la deja embarazada, aunque
pierde al bebé a los pocos meses de nacer. Ella queda estigmatizada de por
vida, porque ha perdido su honra, y la sociedad concluye que su belleza es fruto del diablo, porque ha
hecho que le pase lo que le ha pasado.
Años después conoce a un buen tipo, que también se enamora
de ella y se quiere casar. Ella insiste en contarle su pasado, pero él está
seguro de su amor y no quiere saber nada. De modo que se casan y en la
confianza de la noche de bodas, ella, que no quiere tener secretos para su
marido, se sincera…Y el “enamoradísimo” la repudia inmediatamente porque no ha
sido el primero en tocarla.
De ahí al final de libro todo es un dramón. Baste decir que ella
mata a su violador y entonces la ahorcan por matar a un probo ciudadano. Al
menos su marido se arrepiente de haberla tratado así, aunque ya sea demasiado
tarde.
Hardy se define entre otras cosas por el realismo de
sus novelas, y por entrar de una manera muy fiel dentro del alma femenina de la
época. Tiene otra novela que también me gustó mucho, Lejos del mundanal ruido,
en la que la protagonista también en una chica valiente luchando contra los
elementos, aunque esta acaba bien. ¡Vaya época! ¿Os imagináis haber nacido
entonces? ¡¡No éramos nada!! Absolutamente nada. Y hasta lo que aún hoy es
considerado una ventaja para nosotras, que es una carcasa agradable y
apetitosa, se podía volver en tu contra si se fijaba en ti el hijoputa
equivocado.
Imagina que lo único que tienes para hacerte valer en la
vida es tu virginidad y tu cara bonita. Con eso tienes que conseguir un futuro
para ti y para tus hijos, porque esa es otra, has de tenerlos, como no puedas
(lo de que no quieras es inconcebible) estás acabada. Si eres fea, has de
decirle que sí al primero que te lo pida, quien sabe si habrá otro. Si eres bonita
igual puedes pescar a un marido más rico, aunque sea más viejo o más mala
persona, o las dos cosas juntas. Y sin rechistar hasta que te mueras. El puede
hacer su vida, pero como tú pongas tus lindos ojos en otros bigotes menos
amarillentos, estás desahuciada. Tú y tus hijas. Tus hijos varones aún podrán
hacer carrera en el ejército y congraciarse de nuevo con la familia paterna,
pero olvídate de casar bien a tus hijas, que la sociedad no olvida que una
noche un apuesto oficial rebuscó bajo tus prohibidas enaguas en un baile de
máscaras.
Qué suerte hemos tenido, ya que íbamos a nacer mujeres, de
hacerlo a finales del S.XX, en Europa en concreto (porque si llegamos a nacer
en Oriente Medio o Africa, qué más nos da el siglo) Qué suerte la nuestra de
poder contar además de con nuestra cara bonita, con nuestro cerebro, con
nuestros brazos y con nuestro libre albedrío a la hora de abrirnos de piernas.
Aún así, cuando yo era adolescente, en mi pueblo, de mi
edad, éramos dos pandillas de chicas. Los chicos con los que íbamos normalmente
nos habían puesto un apodo a cada grupo. Las Putas y Las Monjas. Las primeras
eran las que se enrollaban con ellos, y las segundas, es decir, mis amigas y
yo, las que éramos vírgenes, castas y puras y no se nos conocía novio ni
rollete. Ellos decían que salían con las Putas pero que se casarían con Las
Monjas. Y Las Monjas callábamos, sonreíamos mientras nos sonrojábamos
discretamente en el salón parroquial y los fines de semana escapábamos a la ciudad
a hacer con nuestros cuerpos lo que nos diera la gana. Los pobres muchachos de
nuestro pueblo no sólo se equivocaban en eso, tampoco acertaron con lo de
cazarnos para ser las madres de sus hijos cuando se cansaran de picar y volar.
Acabamos todas con hombres seguros de sí mismos a los que nuestro pasado y
reputación les importaba verdaderamente un pito. Tanto como a nosotras la suya.
2.12.13
Crespón negro por Paul Walker, señoras.
Vaya putada. No es que mereciera menos lo que le ha pasado que cualquier otro tío del mundo, pero cuando encima era una visión, aún jode más la cosa. Para lo chungo que está el panorama, al menos los hombres como él nos hacían sonreir y fantasear como bobas cada vez que aparecía ante nuestras retinas.
Ayer murió Paul Walker. Guapo entre los guapos, mirada acero azul, sonrisa angelical y abdominales que pedían a gritos sirope de chocolate. Qué putada. 40 años. Accidente de coche. Eso en la saga Fast & Furious no le había pasado nunca...Mis sueños más salvajes lo van a echar de menos. Espero que le de recuerdos de mi parte en el Olimpo al que van los Apolos como él a Andy Whitfield.
Ayer murió Paul Walker. Guapo entre los guapos, mirada acero azul, sonrisa angelical y abdominales que pedían a gritos sirope de chocolate. Qué putada. 40 años. Accidente de coche. Eso en la saga Fast & Furious no le había pasado nunca...Mis sueños más salvajes lo van a echar de menos. Espero que le de recuerdos de mi parte en el Olimpo al que van los Apolos como él a Andy Whitfield.
Nenas, crespón negro porque se nos ha ido uno de los más poderosos.
18.11.13
Milagros de la tecnología
Lo que voy a contar ocurrió hace entre 8 y 10 años, en la
oficina donde trabajaba. Implicados:
-
María, la Víctima.
-
Jorge, el
Seductor.
-
Pablo, el
Amigo enrollado.
-
Lorena, la Confidente.
-
Una servidora,
la que pagó el pato.
Todos trabajábamos juntos, en diferentes departamentos de la
misma empresa. María, Lorena y yo éramos bastante amigas. Lo suficiente como
para contarnos nuestras vidas y vernos fuera del trabajo. Las tres solteras y
sin niños. Jorge y Pablo también eran amigos entre ellos. Los dos casados y con
niños. En una cena de empresa de esas de “Lo que pasa en Las Vegas, se queda en
Las Vegas”, tras meses de tonteo salvaje, María y Jorge se enrollaron. Fue
bastante descarado, aunque no a la vista de todos. El asunto se repitió a lo
largo de meses en varias cenitas festivaleras
que por aquella época, dado que todos cobrábamos nóminas regularmente y la
mayoría no teníamos ni hipoteca ni niños que nos las vampirizaran, hacíamos
casi cada mes.
María me lo contó todo, hasta su preocupación por si se
colgaba de Jorge, que estaba casado y del que ella se temía no ser más que un
divertimento. Yo no dije nada ni a Lorena.
María y Jorge siguieron durante meses con sus aquí te pillo
aquí te mato en medio de un subidón hormonal inmenso por parte de ella y un
morbo creciente por parte de él. Yo fui mientras tanto, la escuchatriz de ella.
Un día que aún recuerdo perfectamente, iba de vuelta a casa
tras un viaje de negocios con Pablo, el amigo enrollado, superabierto y majete de Jorge. En avión, cruzando el Atlántico
para más señas, mira si me acuerdo. Sentaditos uno al lado del otro. La nena en
ventanilla. Y el enrollado de Pablo me sacó el tema del affaire entre risitas y confidencias al más puro estilo Sálvame de
Luxe. Yo empecé a alucinar (y a mosquearme, dicho sea de paso), porque estaba
claro que para ellos era un juego morboso sin compromiso en el que no se daban
cuenta de lo mucho que tenían que perder si el tema trascendía ni de cómo estaba quedando la mujer de Jorge mientras tanto. No solté prenda
sobre cómo se sentía María al respecto, pero quedó tan claro que yo estaba al
corriente como que Pablo también lo estaba por boca de Jorge.
Semanas después de esa conversación, María dejó de hablarme.
Así, sin más. Sin una sola explicación. No trabajábamos juntas, pero hablábamos
a diario y en
cuestión de horas, se cerró en banda como una ostra. Yo lo achaqué primero a
que era una tía un poco rara y necesitaba su espacio, después, a que dio la
casualidad de que iban a despedirla y ella lo sabía, y pensé que estaba
preparándose para dejarnos o algo así. Y luego me cansé de esperar y me fui a
hablar con ella, porque tenía otro viaje y cuando volviera ella ya no estaría
en la oficina. Se negó ni a mirarme a la cara, me despidió de su despacho con
un “tú sabrás lo que me has hecho” y ya no la volví a ver.
Cuando volví del viaje, Lorena, que siempre ha tenido buen
ojo para las relaciones y reacciones humanas, tenía preparada una sorpresa para
mí. Al ver cómo me había tratado María, aprovechó la intimidad que les brindaba
mi ausencia para averiguar sus motivos, y lo que me contó fue lo siguiente:
Resulta que el Gran Pablo, el amigo enrollado y complaciente,
de pronto empezó a hacerle a María bromitas de dudoso gusto y doble sentido
sobre su relación con Jorge. María, que bastante tenía con sentirse “la otra”,
montó en cólera y exigió saber de dónde había sacado tan delicada información,
y el Gran Pablo dijo que YO se lo había contado en aquel viaje de avión, no su
amigo del alma. Para contrastar los hechos, María preguntó a Jorge si se había
ido de la lengua y Jorge juró y perjuró por su honradez y la salud de sus hijos
que no se lo había dicho a nadie. Con lo cual, María obtuvo la certeza de que
había sido yo la que iba por ahí contando cómo y con quien se metía en la cama
en sus ratos libres. Y automáticamente me tachó de su lista de seres vivos.
Lo curioso es que una chica tan investigadora como ella podría
haber hecho lo mismo conmigo, encarárseme y pedir explicaciones. Entonces yo
habría cogido de la orejita a todos los implicados, los habría metido en un
despacho y les habría obligado a decir la verdad o a mentir como bellacos pero
mirándome a la cara. Pero cuando me enteré de la movida, María ya no estaba en
la empresa, y creí estéril meterme en fregados con el par de Listos de bragueta
floja, entre otras cosas porque ambos tenían más cargo que yo y con estos sí
tenía relación directa de trabajo.
Lo que ocurrió fue que perdí el respeto y la confianza
profesional y sobre todo personal que les tenía a ambos. Seguí trabajando con
ellos durante años, pero ya no volvimos a compartir
cervezas. El tiempo y la crisis acabó por separarnos a todos y perdí
definitivamente el contacto. Hacía mucho que no pensaba en ellos.
¿Y a qué viene esto? Pues a que hace un par de semanas me
abrí una cuenta en Linkedin por temas de trabajo (más bien por la falta de él)
y en un par de días, por obra y gracia de la red, ahí los tenía A TODOS otra
vez, con sus mejores galas profesionales a la vista, sugiriendo ser conectados.
ME CAGO EN LA MADRE QUE
PARIÓ A INTERNET.
P.D. Por supuesto, los nombres son inventados, sólo faltaría
eso, con lo jodía que es la Red para rastrear…
1.11.13
Esa niña me da pena
Hay personas que viven su vida sin tener hijos. Existen
seres humanos que voluntaria o involuntariamente llegan al final de su
existencia sin haber tenido descendencia…Y NO PASA NADA. No pasa nada por NO
tener hijos, por preferir estar solo, dedicarse en cuerpo y alma a uno mismo y
NO querer descendencia que perpetúe nuestra estirpe, apellido y genética
allende los siglos.
¿Por qué entonces el señor y la señora X, conocidos míos con
los que comparto de vez en cuando mesa y mantel en quedadas con amigos comunes,
han tenido dos? Una niña de 6 años morena y vivaracha y un bebé de casi un año
feo y llorón, el pobre. Y me dan pena los dos, los niños, no los padres, porque
a los padres se les nota mucho que sus hijos les estorban. La niña es un
demonio en potencia, pero me cae bien, todavía se podría salvar, sigue
acercándose a su madre en busca de aprobación, de besos, de confidencias, y
siempre es rechazada con un ¡tira de aquí! o ¿Y ahora qué coño quieres? Porque
su madre está muy ocupada con el cubata en una mano y el móvil en la otra
poniendo verde a alguna vecina. Ni una sola vez la he visto besarla, hacerle
cosquillas, decirle lo lista o lo bonita que es, lo mucho que la quiere. Supongo
que en casa se lo dirá, que tendrán sus momentos, pero al final, reflejamos en
público de un modo u otro lo que somos en privado, y en público no hace más que
quejarse de ella, y lo que es peor, lo hace delante de ella. A mi me da pena la
niña, pero la madre no. Es imbécil, no sabe lo que se está perdiendo, no sabe
que LA está perdiendo. A los 14 años todos odiamos a nuestros padres, pero
aquello que hicieron con nosotros cuando fuimos niños es lo que hace que pasada
la edad del pavo volvamos a ellos o los abandonemos para siempre. Y esta tía se
está ganando a pulso que su morenita vivaracha deje pronto de buscarla para
contarle la piedra tan bonita que ha encontrado y se lo cuente a cualquier otro
que se cruce en su camino, y luego la imbécil se quejará de las malas compañías
que frecuenta su hija y de que no le cuenta nada.
Yo no pensé nunca en tener hijos. No hasta que conocí a un
tipo que valía tanto la pena como para hacerme pasar por el coñazo del
embarazo, la tortura del parto y la esquizofrenia del postparto…2 veces. Si no
hubiera aparecido, creo que me habría centrado en mi carrera
profesional, habría viajado más y no habría cambiado un pañal jamás. Y
ahora resulta que estoy más enamorada de lo que he estado en mi vida, de un chaval de 6 años tan listo como sensible que huele a magia y a vainilla. Me
vuelve loca. No puedo estar sin él, me provoca una ternura increible
escucharle, ver como se mueve, saber las cosas que le gustan, las que odia a
muerte (las chicas y todo lo que tenga que ver con ellas, ya se lo recordaré a
los 14, je,je) cocinarle su plato favorito que nadie hace más bueno que yo en
el mundo, ¡yo que soy una cocinera lamentable! Ayudarle a pintar ese Pokemon
que está intentando dibujar y no le sale, cepillarnos los dientes a la vez
escupiendo al unísono, jugar a cualquier cosa y dejarme ganar sólo por ver su
cara de felicidad, y guardar como un tesoro todas las cartas que ha escrito a
los Reyes Magos desde que aprendió a escribir a los 3 años. El tiempo vuela, y
pronto ya no vendrá a mi cama cuando tenga miedo por las noches, pero a ambos
nos quedarán los recuerdos para toda la vida de la cantidad inmensa de horas
que hemos pasado juntos pintando, jugando, haciéndonos confidencias y
cosquillas, dándonos besos. Y sé que volverá a mi cuando se le pase la tontería.
Estoy segura. Me lo estoy currando a tope para no perderlo nunca. Eso no quita que a veces necesite estar sola, que a veces me ponga de los nervios, que estoy agotada todo el tiempo, pero no me estorba su existencia NUNCA.
Por eso me da pena esa niña morena que mira descolocada a la
imbécil de su madre y se va con su bonita piedra a otra parte sin un beso ni un
¡vaya, sí que es bonita, y tú muy lista por encontrarla! A veces se lo he dicho
yo, pero debería ser su madre la que se lo dijera, porque a ella es a la que
quiere más que a nada en el mundo, no sé por cuanto tiempo más.
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Eso de ser madre,
hablando en serio
11.10.13
Por qué lo llaman hipster cuando quieren decir feo
![]() |
| Paso de afeitarme...y de follar. |
Mirad atentamente al chico de la foto, please. Es un tío guapo. Ojazos a pesar de todo lo que los rodea. Yo lo miraría si me lo cruzara por la calle...Afeitado o con barba de tres días. Si me lo cruzara así, igual le daba un euro y le indicaba por donde queda el centro de médicos del mundo más cercano, pero desde luego no se me iba a escapar un requiebro lujurioso.
Quedada de chicas, bueno, vale, de mujeres, para qué nos
vamos a engañar. Ibamos 11 y después de que nos echaran de la tapería donde
cenamos, buscamos un local de copas que tuviera la suficiente luz y el volumen
justo de la música como para poder continuar hablando entre gritos y carcajadas
de nuestra relación de amor-odio con el sexo masculino.
Fachada moderna, limpia y blanca, una exposición de
ilustraciones no demasiado mala en las paredes, la carta escrita con tiza por
las paredes y música de la que NO suena en los 40 principales por los altavoces.
Aquí nos quedamos. Entramos ensimismadas y nos acercamos en plan enjambre a la
barra, y desde el otro lado del tirador de cerveza, un par de sujetos, bueno,
un sujeto y una sujeta, nos dicen qué queremos. ¡Que te peines, niña, eso para
empezar!
El tío era un tirillas, yo tengo más espalda que ese
alfeñique de pelo grasiento y sombrerito más pequeño aún que sus inexistentes
bíceps. Gafas de pasta, de esas que llevaba el empollón de mi instituto, al que
corrían a collejas tanto los rockers como los heavys, y una barba que habría
hecho las delicias de los que cantaban “España camisa blanca de mi esperanza”.
Fular y camiseta nosecomo porque ya
no pude seguir mirando, se me taponaron las córneas.
La tía con una melenita naranja justo por debajo de la oreja,
pálida como un muerto, labios rojos y gafas de pasta rojas, color que como todo
el mundo sabe combina de puta madre con un pelo naranja. Vestidito de flores
sin mangas robado del armario de Lena Durham y collarcitos varios.
Yo me encontraba en ese momento en plena conversación sobre
las ventajas de tirarte a un director de cine si eres una mala aspirante a
actriz, con una arquitecta y una directora de documentales. (Lo digo para que
no quede como que éramos tres catetas que no han salido de su pueblo ni para ir
a la romería del de al lado). Pues eso, que a pesar de haber visto cosas que
vosotros no creeríais, nos quedamos las tres de pasta de boniato.
Son Hipsters, díjome una cuando el colega apartó su barba de
mi cerveza. Son Modernos, dijo la otra condescendiente. Lo que son es feos de
cojones, los dos, por eso necesitan ponerse de todo por encima para conseguir
que los miren. En fin, me estaré haciendo vieja, pero eso de la Modernor no me va en
absoluto.
Entonces eché un vistazo en derredor y me di cuenta de que
lo de los barbudos y las modernas era epidemia. Habíamos recalado en un garito
Hipster. Todos los tíos sin chicha ni limoná y alérgicos al peluquero. Todos
miopes, (bueno, eso supongo, por la abundancia de gafas coloridas) con ropa de
los 70 y actitud de intelectual de la transición. Y las barbas…¿Porqué?? ¿Qué
necesidad hay? Y mira que a mi me encanta una barba de tres días recreándose en
la mandíbula cuadrada de un tío de mirada patibularia, pero eso no eran barbas,
¡era dejadez pilosa!, y por ahí si que no paso. El único náufrago que me gusta
es Robinson Crusoe.
Cuando por fin parece que la moda de llevar los calzoncillos
por fuera de los vaqueros está pasada, ahora les da a los tíos por dejar de
afeitarse en masa. Yo no podía dejar de mirar al tirillas poniendo cañas y
tapas, rascándose la barbilla y volviendo a la tarea. Cuando la moda de llevar
el tanga fosforito a la vista ya parecía superada, va y les da a todas por
ponerse feas. No sé decirlo de otra manera. Van vestidas como de abuela putilla.
No lo entiendo. Las zapatillitas planas de cordones, los vestiditos de
estampados imposibles, los bolsos de plasticazo y todos los cacharritos que te
puedas colgar encima.
No es que sea una experta, pero sí se qué prendas favorecen
a prácticamente cualquier clase de constitución física, pero sobre todo, sé que
prendas me favorecen a mi. ¿No se dan cuenta cuando se miran al espejo antes de
salir de que van hechos unos espantajos? Me choca mucho ese afán por afearse
que al parecer está de moda.
Definitivamente, yo no soy Moderna.
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