
¿Os acordáis de esos domingos de discoteca, quedando todas en casa de una cargadas con ropa y maquillaje camuflado para arreglarnos juntas? Muchas veces, ese par de horas eran lo mejor de la tarde. ¿Eramos demasiado ingenuas, demasiado mojigatas? Eramos inocentes.
¡¡Cómo han cambiado no sólo nuestras tallas de pantalón, sino los usos y costumbres respecto a lo que es un tío bueno, un forracarpetas, un actor adolescente por el que suspirar camino del instituto!! De eso quería hablar hoy.
A nosotras a los 15 años nos ponía Ralph Macchio, el prota de Karate Kid, ¡¡Michael J.Fox!!! ¿En serio nos ponía Marty McFly??? ¿Con esos andares, esos tics, ese chaleco??? Y lo más canalla a lo que podíamos aspirar era a la sonrisa de medio lado de Kirk Cameron en Los problemas crecen. Y por cierto, a ninguno le vimos jamás los abdominales (si es que los tenían en esos cuerpecitos de niño) Se llevaba la superposición de prendas tamaño padre, no las camisetas ajustadas.
Ralp Macchio protagonizó Karate Kid con 22 años, aunque interpretaba a un chavalín de instituto, y Taylor Lautner, el hombre lobo de Crepúsculo, tiene actualmente 19 años. Observen queridas, las clarísimas diferencias existentes entre ambos especímenes, tratándose en los dos casos de un actor teen moreno de piel, de cabello y ojos negros y rasgos raciales-exóticos. Entre ellos hay 25 años de cambio en el canon de belleza masculino. Qué inocentes éramos…Diosss, cómo está Taylor, que empiezas a rechupetear por una esquina y tardas 3 meses en acabártelo!!!
En cuanto al mundo de la canción, nosotras bebíamos los vientos por Morten Harket, el líder de Aha, y todas soñamos alguna vez con ir de paquete en la moto que conducía en el mítico video Take on me, que por otra parte, como dibujante, me sigue pareciendo muy original y bien hecho. Que monada de niño sueco era Morten, y no la birria repeinada de Justin Bieber o los moñas al cubo de Jonas Brothers. En ese sentido nosotras éramos más fans de un chico que pareciera un chico, (bueno, excepto por George Michael en su etapa Wham!, que cantaba a la legua y no lo quisimos ver) que de ese furor emo y ambiguo que se lleva ahora entre las preadolescentes. Por favor…¿Quién quiere una cita con Zac Efron, un chico que tarda más tiempo en arreglarse y tiene un cutis mejor cuidado que tu??? Yo desde luego no.
Y por último, pasamos al capítulo hormonado, cuando descubrimos que después del beso que hizo despertar a la bella durmiente, ella y el príncipe hicieron “otras cosas” que incluían poca ropa y mucho movimiento. A nivel cinéfilo, Dirty Dancing (1987) y el cuerpazo de Patrick Swayze para mi generación fueron el abanderado del despertar uterino de unas nenas que nunca habíamos visto moverse con tal descaro y calentorrez a un hombre. De hecho, era la primera vez que veíamos como tal a un Hombre. No entendíamos cómo podía enamorarse de la fea esa, (debate de amplia cobertura en la clase de 8º) pero nos daba igual mientras le enseñara a bailar sin la camiseta puesta….
Siguiendo con el capítulo hormonado, pero esta vez en sentido musical, me quedo con un bombón de increibles ojos verdes que igual te cantaba moviendo las caderas I promissed myself, que se quedaba en calzoncillos para regocijo de todas las clientas en una lavandería mientras lavaba sus Levi’s. Mítico anuncio. Era Nick Kamen, y nuestras espectativas acerca de lo que debe ser una espalda cambiaron a partir de ese momento.











